Si los Veteranos de Malvinas, tanto los catamarqueños como los existentes en diversos lugares del país, no hubiesen acumulado suficientes méritos para ser debidamente considerados – en lo institucional y lo económico-, por el Estado y por todo el pueblo argentino, la sola persistencia en lo tocante a recordar a sus camaradas caídos en las islas sería motivo más que suficiente para ubicarlos en lo más alto de la consideración ciudadana.
El país en pleno tiene una enorme deuda pendiente con estos hombres y con sus respectivas familias. Unos por su actuación en las islas, otros por padecer las inclemencias de una movilización concretada a los apurones y en ambos sectores, las angustias indescriptibles de los familiares. Sólo quienes tuvimos un hijo en esa guerra inconcebible a la que nos arrastró un alcohólico delirante, sabemos lo que se sufre pensando todo el tiempo en ese ser querido cuya vida corría peligro.
Estimamos que es tarea prioritaria de los legisladores nacionales –los de todas las provincias, sin excepción alguna-, propiciar una legislación que ponga fin a un estado de injusticia, desprecio y abandono con que hemos “premiado” a nuestros jóvenes. El sincero y profundo reconocimiento a estos hombres tendrá que corporizarse a través del otorgamiento de haberes dignos y no asignaciones insignificantes que –en no pocos casos- tuvieron un fuerte tufillo a dádiva
En tanto y en cuanto esa deuda no sea saldada, cada acto, cada vigilia vinculada a los protagonistas de la Guerra de las Islas Malvinas, será para experimentar vergüenza por no haber sabido reconocer a los protagonizaste de un hecho histórico y sin precedentes en nuestra historia reciente.