Registro Único de Conductor y un innecesario anglicismo: “score”

Con la implementación del denominado “Registro Único de Conductor” se advierte que el Estado tiene la brillante oportunidad de poner orden en un asunto que se ha caracterizado por contener muchas falencias, comenzando por ciertos municipios que transformaron en una verdadera “industria” y recaudaron mucho dinero con  el otorgamiento de carnés o registros de conductor. 
lunes, 18 de abril de 2011 00:00
lunes, 18 de abril de 2011 00:00

Por caso, en los años ’60, Saldán, una hermosa localidad de las Sierras Chicas cordobesas, famosa por su agua mineral, se había convertido en el paradigma de la truchada en la materia. Los rebotados en la municipalidad de la capital u otros lugares obtenían el registro con sólo hacer un corto viaje, con la foto en la mano y unos pesos depositados en la ventanilla comunal, en pocos minutos se convertían en titulares de un carné “Profesional” que los habilitaba para manejar cualquier automotor. Y circular por “calles y  caminos de la Nación” sin ningún problema.

En Catamarca sucedieron (y seguirían sucediendo, tal vez) cosas parecidas de las cuales no hemos de ocuparnos en esta ocasión.

Lo importante es que paulatinamente las provincias van adhiriendo a una medida que -dentro de poco-, alcanzará a todas los instituciones que actualmente otorgan registros de conductor y en el corto plazo –salvo imprevistos-, todos los conductores deberán poseer el citado documento. Será como tener el DNI que en lugar de acreditar la identidad, acreditará la habilitación para conducir un automotor.

En simultáneo, al obtener el RUC o RUCA (Todavía no le inventaron la sigla), al  titular le acreditarán un cierto número de puntos (En Capital Federal son 20 puntos) con los cuales funcionará el anglicismo “score” o sea “puntaje”.o “puntuación” (A este paso ¿a los porotos acumulados cuando jugamos al truco habrá que denominarlos “score”?).

Según lo difundido, las infracciones tendrán diversos valores en puntos que se irán  descontando de la cuenta del infractor a quien, en caso de agotar su crédito inicial, le retirarán el carné y quedará inhabilitado para conducir.

De ahora en más, las expectativas girarán en torno a los profesionales que integren las “mesas examinadoras” encargadas de evaluar las condiciones biosicofísicas de los futuros titulares de uno de estos registros para los cuales también será necesario presentar un certificado de buena conducta expedido por la autoridad policial.

Es imprescindible que todo el proceso exigido para obtener el nuevo registro esté absolutamente a cubierto de “travesuras” como las que suelen ocurrir por amiguismo, por recomendación de algún supuesto influyente, por la atracción irresistible de una agraciada dama o –directamente-, por plata.

A través del nuevo registro existen buenas posibilidades de obtener una merma en el número de accidentes viales a partir que los conductores extremen las medidas para no incurrir en infracciones y perder puntaje, acercándose así a la posible caducidad del registro. Se advierte como singularmente positivo el hecho de que con este sistema, las infracciones además de tener un costo en dinero, penalizan restando puntos, dato éste que las autoridades tendrán en cuenta a la hora de renovar un registro. La existencia de malos antecedentes como conductor, presentes en un legajo computarizado  susceptible de ser consultado al instante podrían, llegado el caso y a criterio de las autoridades, disponer la caducidad del RUC o RUCA  con los consiguientes trastornos para el sancionado.

Un aspecto a considerar tiene que ver con el destino que tengan los reprobados en exámenes o los sancionados por malos antecedentes. a quienes no se les renueve el registro.

Finalmente, cabe preguntar ¿Con qué criterio se formarán las “juntas” para examinar a la gente? ¿Quiénes se hallan en condiciones de “tomar examen” a los postulantes? Vale suponer que para el otorgamiento del nuevo registro las exigencias han de ser mayores –por obvias razones-, que las existentes en la actualidad.

Por ahora, no queda más remedio que aguardar las próximas novedades que se vayan produciendo con relación a la implementación del nuevo registro y a la palabreja que nos resistimos a emplear en atención a la riqueza del idioma castellano.

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