Se trata de tres palabras que comienzan con la letra I, conocida como “i latina”, novena letra de nuestro alfabeto actualmente en uso, a saber: I-responsabilidad. I-mprudencia, I-mpericia.
Por lo menos una de estas tres palabras (con su significado a cuestas) se halla presente en todos los accidentes protagonizados por automotores de todo tipo y tamaño.
Desde el motociclista que por llevar el caso en el codo se revienta el cráneo contra el piso en un accidente que pudo haber carecido de importancia si el famoso casco hubiese estado en la testa del fallecido, hasta la señora que sale despedida de su auto cuando éste vuelca y ella no tenía el cinturón colocado, pasando por el sujeto que se queda dormido mientras conducía un camión, se cruza de carril y asesina a una familia que viajaba en un auto en sentido contrario.
La crónica policial se alimenta -en un elevado porcentaje -, con accidentes ocasionados por automotores entre los cuales un papel notablemente preponderante le corresponde a los motociclistas.
Entre los que trascienden por ser motivo de intervención policial y los otros, los que no trascienden por carecer relativamente de importancia, no es aventurado calcular que en la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca, diariamente ocurre un promedio de doce siniestros, sin mengua de quedarnos cortos.
No se conoce el monto de dinero que le cuesta al Estado (que somos todos nosotros) la atención de los accidentados en los hospitales pero -con toda seguridad-, deben ser sumas más que millonarias. No sería impropio mencionar en estos costos “materiales y mano de obra” `y considerar, también, “alojamiento y comida”.
Un dato no menor es la edad de los accidentados. La mayoría son jóvenes menores de 30 años, con un alto porcentaje, entre los motociclistas., de adolescentes de ambos sexos.
Entre las causas de los accidentes figuran no sólo la imprudencia y la irresponsabilidad sino que abunda la impericia.
Muchos “conductores” ignoran cuestiones elementales tales como
la respuesta incorrecta ante una “mordida de banquina” -como suelen denominar a este frecuente problema-, es el “volantazo” que produce –irremisiblemente- el vuelco del automóvil que se convierte en un objeto que gira rápidamente sobre sí mismo, dotado de una energía cinética directamente vinculada a la velocidad con que se desplazaba sobre la ruta.
En esta instancia suelen producirse deformaciones estructurales que dan lugar a que las puertas se abran y sus ocupantes –si no tienen los cinturones colocados-, salgan despedidos como proyectiles para impactar –finalmente-, contra el suelo.
En las academias de manejo enseñan el procedimiento a emplear en estos casos que es reducir la velocidad manteniendo el auto con dos ruedas en la banquina hasta que sea posible retornarlo al pavimento sin riesgo de vuelco. Es probable que los conductores olviden estas enseñanzas e incurran en el mencionado “volantazo” con sus resultados fatales.
A su vez, los motociclistas reúnen las tres “I” en casi todos los accidentes, comenzando por llevar más de un acompañante en el asiento trasero. El espectáculo del hombre con la mujer y dos o tres chicos trepados una motocicleta son cosa de todos los días. Es un acto de IMPRUDENCIA, al que hay que adicionarle la IGNORANCIA (El individuo ignora olímpicamente lo que sucede en una moto diseñada para cargar unos 150 kilos (dos adultos ubicados correctamente en ambos asientos) cuando en lugar de ello la carga supera los 200 kilos y sus plurales ocupantes modifican el centro de gravedad de la moto con total IRRESPONSABILIDAD.
Debe ser muy raro el motociclista que conozca, aplique y domine la técnica que tiene que ver con el uso del freno delantero o de evitar un derrape, por no citar otras maniobras.
Lo habitual es que el sujeto adquiera una moto y se suba a ella como si tal cosa y sin observar los más mínimos recaudos.
Ante la inminente implementación del Registro Único de Conductor se presenta una excelente oportunidad para que el otorgamiento de la referida licencia exija un mínimo de requisitos que actualmente no se exigen y por eso sucede lo que sucede,
Con relación a las multas que se aplican a los infractores, insistimos en nuestra postura y en lo relacionado a sancionar infracciones: en tanto y en cuanto las multas sean redimibles con dinero, nada cambiará en el rubro “accidentes” pero se incrementará la recaudación de las arcas del Gobierno.
Mientras tanto, no quedará más remedio que limitarnos a llorar por las vidas perdidas estúpidamente. Por culpa exclusiva de las “Tres I”. Y de una legislación absolutamente ineficiente en lo tocante a preservar la vida de los conductores y sus ocasionales víctimas inocentes.