Es simple, es “Claro” ¿Es timba?

Que la telefonía móvil ha invadido enormes campos en la existencia de las personas no es ningún misterio. Los celulares se han incorporado a la vida cotidiana y a esta altura de los acontecimientos sería una verdadera catástrofe si de pronto todos los aparatitos dejaran de funcionar.
miércoles, 15 de junio de 2011 00:00
miércoles, 15 de junio de 2011 00:00

La imagen que se ha popularizado en el paisaje urbano del sujeto que va caminando con el celular en la oreja, cosa que también hacen las mujeres y los chicos, pasaría a ser un recuerdo recostado en la nostalgia.

En un país que tiene cerca de 50  millones de aparatos (las estadísticas dicen que tenemos 1.3 teléfono por habitante) resulta explicable que a los celulares le hayan buscado otras aplicaciones.

Aquellos “ladrillos” que servían para hablar por teléfono y nada más hoy, con su tamaño de chocolatín, posibilita una enorme cantidad de servicios. No es de extrañar que en un futuro no lejano, además de  hacer todo lo que hacen, produzcan cubitos de hielo en verano y un pocillo de chocolate caliente  en invierno.

La difusión de los celulares ha dado lugar al funcionamiento de “adicionales” un tanto inesperados. Bastará observar el televisor y advertiremos la pluralidad de ofertas que manejan mediante el envío de los SMS (mensajes de texto). Se puede obtener de todo. Desde comida, pasando por pasajes en avión, electrodomésticos y todo lo que se le ocurra. Con la simple presión de dedo pulgar podemos traer a nuestro lado  una señorita como acompañante. O un señor. “Sobre gustos no hay nade escrito”, dijo el sabio.

Posiblemente lo más productivo para las empresas sean los sorteos con premios tales como 1000 pesos por día, o 7 mil por semana, o un viaje a Miami para dos personas con todo pago. Sin mengua de que “como premio a tu permanencia en “Claro” te invitamos a participar del sorteo de un auto cero kilómetro (y figura la marca de un auto industria nacional). Para participar de los sorteos hay que enviar una determinada clave o juego de letras a un costo que oscila entre los 15 centavos y los dos o tres pesos más impuestos.

Lo llamativo de este asunto es que nunca se publica el resultado de estos sorteos. Los ganadores (si los hay) permanecen en el anonimato. Tampoco se sabe mediante qué mecanismo se hacen los sorteos ni quién o quiénes verifican la seriedad y corrección del procedimiento de marras.

Según fuentes responsables, “Claro” tiene alrededor de 16 millones de abonados. Calculando que tan sólo un diez por ciento participe de uno de estos convites,  la empresa recaudaría una millonada en  pocas horas.

La falta de información “post-sorteo” junto a la ausencia de controles relativamente visibles, amerita a suponer que se podría estar en presencia en una gigantesca estafa que funciona impunemente gracias a la ausencia del Estado ejerciendo los controles imprescindibles para que lo señalado no sea un timba vulgar y silvestre, organizada para desplumar incautos.

 

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