Cambian los tiempos, cambian los empleados y el trato a las personas también cambia

Sucede desde hace un tiempo a esta parte. En algunos lugares se advirtió el año pasado.
viernes, 17 de junio de 2011 00:00
viernes, 17 de junio de 2011 00:00

Nos referimos a las reparticiones en las cuales la atención al público es fundamental. Especialmente en esos lugares donde acuden los denominados “adultos mayores” para efectuar un trámite, obtener una orden médica o alguna de las variadas gestiones que suelen ser necesarias mayormente cuando se trata de gestiones vinculadas a las prestaciones asistenciales.

Las personas que habitualmente concurren a esos lugares son las primeras en notar la diferencia. No están los “empleados de antes”. Será que se han jubilado o están en dependencias interiores fuera de la vista.

Pero están los nuevos. “La nueva generación de burócratas” según algún jubilado, fastidiado  por no conseguir un determinado asunto y no conforme con las explicaciones que le dio “la señorita nueva”.

Resulta explicable que ocurran estos “cambios generacionales” y que los y las nuevas agentes se manejen a su modo y manera.

El personal transcurre en el tiempo y llega el momento del recambio, del reemplazo de antiguos empleados por estos otros, más “modernos”.

En no pocas ocasiones se los nota  distantes, ajenos, con el pulgar accionando –frenético-, el celular para un mensaje de texto con actitud de absoluta ignorancia hacia el que aguarda ser atendido.

Finalmente y a veces con un aire de resignación, se acercan al visitante y sin mirarlo a la cara indagan sobre los motivos por los cuales se halla en esa repartición.

Por lo general el saludo relativamente amable brilla por su ausencia. Rs más fácil el “¿Qué busca?” o el “¿Qué quiere?” en lugar del “Buenos días”, así a secas.

Concluimos con que se trata de una cuestión puramente cultural., De haber recibido una buena o una mala educación. Do no haber asistido, desde niños, a la antigua costumbre de “los buenos modales”. Esos modales que no permitirían el gesto de fastidio cuando el adulto mayor interrumpe la importante y delicada operación de arreglarse o pintarse las uñas. O señalar -con imperioso gesto-, un compás de espera con el celular pegado a la oreja sin mengua de  “pasarle la pelota al compañero”.

Felizmente hay excepciones aunque poco numerosas. Son esos jóvenes atentos, afectuosos. gentiles, sonrientes que transmiten la sensación de que si tenemos un problema hemos dado con el lugar justo para que el mismo sea solucionado. Estamos en manos de la persona entrenada par atender con eficacia y prontitud, sin servilismos. Afectuosamente.

Son los jóvenes que en su casa deben tener un abuelo, una tía o un familiar que “milita” en la categoría de “adulto mayor”, lindo invento para que no te digan “viejo”.

Es evidente que estos jóvenes (de ambos sexos) han reubico otra educación. Que se han desarrollado en un hogar donde la violencia, la falta de respeto y la torpeza son materias totalmente  desconocidas.

La mala atención que se brinda  en  algunas oficinas públicas es una deuda `pendiente que tienen los políticos devenidos en funcionarios y parte de sus obligaciones, es entrenar al personal que es destinado a atender al público de manera adecuada, educadamente. Enseñarles – a las nuevas generaciones-, que  atender al público es un arte. Algunos nacen con él. Otros deberán adquirirlo. Para eso están “los de antes”. Para hacer la transferencia.   

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