La medida causó sorpresa y malestar en los puesteros de la feria, pues aducen que “no entienden” el planteo de los comerciantes catamarqueños, al decir que “son ellos mismos lo que nos comprar la ropa a nosotros y después la venden muchísimo más cara”. Agregaron que los mismos comerciantes que pidieron la clausura, son los que “viajan a Buenos Aires, a la Salada, a comprar la ropa que después venden al triple de su precio”.
Los comerciantes locales adujeron que la feria les produce importantes perdidas económicas, mas teniendo en cuenta la proximidad con la fiesta del padre, fecha en la que las ventas suelen ser importantes.
Lo curioso del fallo judicial es que va en contra de los organismos municipales y provinciales que autorizaron la instalación de la feria, ya que cumplía con todos los requisitos exigidos.