Una casa de esas características no puede ni debe permanecer abandonada como esta, primero porque es patrimonio del pueblo que la compró para que sea sede de entidades culturales y educativas, y segundo porque su estructura es propicia para que convierta en aguantadero de malvivientes que aprovechan la falta de control y el calamitoso abandono en que lo dejaron caer los responsables de su mantenimiento.
La sociedad cooperadora de las escuelas es una “institución subsidiaria” que debe coordinar con los directivos y docentes de las escuelas. En este caso particular, en la escuela ex Normal, pareciera que nadie coordina nada y que la cooperadora no existe, o tiene sus miembros pintados en la pared, privados de la potestad de tomar decisiones, más allá de “si hay que comprar lavandina para los baños o no”.
Un grupo de andalgalenses proponía hace algún tiempo que el espacio sea convertido en “sede de instituciones” para evitar el deterioro por abandono y de paso, prestar un espacio físico a tantas instituciones que deambulan sin tener un lugar para realizar sus tareas, como las academias, los centros de jubilados, el centro de estudios históricos, la asociación de escritores y tantas más.
Desde la “cooperadora” no se dio ninguna respuesta, aduciendo que “ya se normaliza, que no hay autoridades” y demás. Para colmo de males, algunos “iluminados” del IES no permitieron que la institución funcione ahí, amparados en la infeliz ilusión de que este gobierno les construiría un edificio nuevo, lo que generó que este IES se disperse y desintegre, como se encuentra actualmente, tal como seguirá por al menos unos cinco o seis años, según la dinámica de los tiempos burocráticos.
Lo cierto es que la actitud de los miembros de esta cooperadora, si existen, están faltando el respeto a los antepasados que de peso en peso, reunieron el dinero para la adquisición del inmueble que hace unos días casi desaparece como producto de la decadencia de valores y ausencia de liderazgos que hoy existen en esta ciudad.
Una imagen mostraría algo similar a la selva del Mato Grosso, pero no, son los patios de esa escuela.