El proyecto contemplaba la reactivación de las líneas ferroviarias capaces de unir Tinogasta, La Rioja, Cruz del Eje, Deán Funes, Córdoba, San Francisco y el puerto de Santa Fe con un posible desvío hasta el puerto de Buenos Aires, todo de trocha angosta y como lo que se puede considerar una parte importante de los 10 mil kilómetros de rieles del cacareado “Belgrano Cargas” que Menem le obsequió a los gremios ferroviarios. Un obsequio que cayó en el vacío porque ni La Fraternidad ni La Unión Ferroviaria lo tomaron en cuenta. No hicieron nada.
Resulta evidente la importancia que tiene un servicio ferroviario de esta naturaleza tan sólo en el rubro “Cargas” sin contar con la posibilidad de que en ciertos tramos puedan viajar pasajeros. Para eso estaban los “trenes mixtos”.
No sólo las tarifas de carga por ferrocarril son notablemente más económicas que las del transporte automotor: también lo son para que viaje la gente.
Históricamente, el ferrocarril ha sido factor de progreso y de desarrollo y no hay motivos para suponer que los trenes no sean capaces de “volver por sus fueros”.
El mayor obstáculo, según nuestro entender, sería la seria oposición que sufriría el proyecto por parte de las empresas del transporte automotor de cargas y de pasajeros, los colectivos de media y larga distancia. Tanto unos cono otros se manejan monopólicamente gracias a una a canallada de la última dictadura militar que desprogramó el 99 por ciento de los servicios ferroviarios que funcionaban en el interior del país.
La recuperación de los ferrocarriles merecería ser considerada como “política de Estado” por parte de la Nación y la puesta en servicio del “Corredor Deán Funes” merece ubicarse en un lugar privilegiado de la futura gestión de la doctora Lucía Corpacci.
¿Es necesario destacar que “El Sol sale para todos”? Trenes, camiones y colectivos pueden convivir y aportar al progreso. Que es una forma de aportar a la felicidad de la gente.