"Como hay escasez de combustibles, toda la gente quiere cargar más. Lo que pasa es que se va transformando en un circulo vicioso porque quieren llenar el tranque por miedo a quedarse sin nafta", afirmó, mientras hacía campaña en Yerba Buena.
En la mayoría de las estaciones la venta se limita a 100 pesos.
"Hay combustible en las estaciones de servicio. Veo que hacen cola, pero hay combustible. Esto pasa en todos lados, es un problema que está en el país. No solamente pasa en Tucumán", afirmó el gobernador.
Para el caso que motiva estas líneas es indudable que Alperovich funcionó como la mayoría de los argentinos: buscar a quién echarle la culpa en lugar de buscar una solución. Apelando a un populismo muy difundido, podría decirse que el gobernador tomó la pastilla equivocada y derrapó bastante feo.
No estamos en Japón, (país de cuya gente nos declaramos fervientes admiradores), donde un pueblo muy educado se organiza para enfrentar tremendos problemas y los soluciona sin hacer alharaca.
En un caso como este, los japoneses se limitarían a comprar la cantidad de nafta realmente necesaria. No andarían cargando en bidones ni cosas por el estilo. Sucede que nosotros practicamos la ley del “sálvese quien pueda”, de lo cual se ocupara Ernesto Sábato hace unos años al decir que el “sálvese quien pueda no sirve y es inmoral”. De ser posible, no sólo llenamos el tanque. Llenamos unos cuántos bidones. Los demás que se jodan. Si mal no viene le vendemos unos litros al vecino que no pudo hacer cola. Obviamente, con un buen sobreprecio.
Es en estas ocasiones cuando se nos representan las noticias relacionadas con el gasto en armamento que hacen los países. Son cifras astronómicas. Con muchísimos ceros a la derecha en Euros.
Si tan solo la cuarta parte de lo que se gasta en material bélico se destinara a la investigación científica, ya tendríamos la vacuna contra el cáncer, contra el Alzheimer, contra el Párkinson, contra las cardiopatías congénitas y las adquiridas, contra los trastornos metabólicos y –tal vez lo más importante-, tendríamos las vacunas contra la imbecilidad, la estupidez, la irresponsabilidad, la estrechez mental, la torpeza y la pelotudez y usted estimado lector no tendría que estar leyendo estas pavadas que comenzaron por una zoncera que dijo José Alperovich, el gobernador de Tucumán con relación a la falta de combustibles. Con esas vacunas el mundo sería un hermoso lugar y la gente sería más feliz.
Pero es lo que hay. Y así nos va.