Sin dudas, la relevancia literaria alcanzada por el autor de “La Hembra Humana” se constituye en genuino orgullo para los catamarqueños que recién ahora reivindican su memoria y su obra.
Por su obstinado anticlericalismo, su libertad de pensamiento y expresión, y por el contexto de intolerancia del tiempo en que le tocó vivir, Franco tuvo que emigrar a la Capital Federal para apaciguar ese fuego interior que lo consumía, imposibilitado de expresarse libremente en su provincia natal, a la que amaba profundamente, amor que puede encontrarse en cualquiera de sus obras.
Es uno de los autores más prolíficos del país, agudo pensador y alocado ensayista, revestido de una proverbial humildad como para rechazar premios internacionales y toda parafernalia de la farándula literaria de aquellos tiempos de oscurantismo casi inquisidor que regía la vida de los catamarqueños. Vivió como pudo, revalorizó a la mujer, colocándola en un espacio de equipotencialidad con respecto al hombre, rey de la sociedad machista; invadió con su pensamiento los arcanos de la divinidad y arrasó con la hipocresía del estado nacional. Prueba de ellos son sus obras, “Biografía Sacra” y “Biografía Patria”, que dan cuenta de muchas cosas.
Los catamarqueños hoy lo recuerdan y honran su memoria, en escuelas, calles, barrios y tanto más, propios de la vanidad humana que Don Luis rechazaría enérgicamente.
Sin embargo en el ocaso de su vida, anciano, solo y enfermo, terminó sus días en un ignoto geriátrico porteño, olvidado por todos esos que hoy figuretean con su vida y obra, valorada por las eminencias literarias del mundo. Es muy probable que el Gobierno de Catamarca esté presente en las nuevas exequias; esperemos que así sea porque cuando Franco necesitó de ese gobierno, los mandatarios le dieron la espalda y directamente lo ignoraron.
En realidad, a la hora de su partida fuimos muy pocos los que despedimos sus restos y la celestialidad del gran pensador quedó enterrada y olvidada, en suelo lejano al de su Catamarca. En cada visita a la Capital Federal nosotros pusimos una flor sobre la tierra seca y resquebrajada.