Actualmente, como ya lo dijimos en muchas oportunidades, se encuentra clausurado y rodeado por una empalizada que ocupa también parte de la calzada, brindando un espectáculo triste y sombrío que habla a las claras de la desidia y el imperio de los intereses políticos y domésticos egoísmos.
El titular de la Parroquia Pbro. Renato Rasgido realiza una gira por Europa, mientras los oficios se llevan a cabo en el minúsculo salón parroquial. Hasta el momento nadie sabe nada. Los funcionarios municipales miran para otro lado, el párroco hace un pacto secreto con el nuevo intendente porque plantea diferencias con Perea, y el Obispado parece desconocer esta situación que puede generar un conflicto social.
Efectivamente, tuvimos conocimiento de que un importante grupo de fieles católicos apoyados por los historiadores locales, estarían planificando una protesta por la reconstrucción y apertura del templo parroquial, como así también, ya juntan firmas para enviar nota de reclamo al Obispo Luis Urbanc, pidiendo el inmediato reemplaza del Pbro. Rasgido y la puesta en marcha de la obra de arreglo del edificio, no sólo por cuestiones religiosas, sino también históricas ya que el sacerdote se da el lujo de seleccionar quién entra y quién no, al templo que es patrimonio social e histórico de Andalgalá, sin considerar que él es solamente una circunstancia.
La nota, que será publicada en la edición de mañana, contiene el reclamo al prelado diocesano y le adelanta que si no “baja línea”, se realizará una sentada de protesta y la toma del lugar para iniciar acciones de reconstrucción, contando, claro, con el apoyo de algunos empresarios comprometidos con la Iglesia Católica.
Seguramente los funcionarios aún no lo dimensionaron pero el tema de este templo significa la potencialidad de un nuevo conflicto social, como si Andalgalá no tuviera muchos ya. Flaco favor le hace también la conducción de la Iglesia que en la nota es calificada como “cómplice de la desidia, la ignominia, rayanas con la blasfemia”.
Sería bueno que Mons. Urbanc deje de perder su tiempo con las damas de la alta sociedad y recorra la provincia para conocer la problemática social que generan sus sacerdotes sectarios, anarquistas y rebeldes, como el párroco de Andalgalá.
La verdad sea dicha mientras el claustro se cubre poco a poco de maleza.