Por extraño que parezca, en las últimas semanas esta ciudad (Andalgalá) se sacudió por los efectos de una protesta que no estuvo vinculada con la minería. Esta vez, los que recurrieron a los piquetes para hacer oír sus reclamos fueron los estudiantes secundarios, descontentos por el retraso en la entrega de netbooks, prometidas por el Gobierno.
Uno de los líderes de la protesta, que suspendió las clases por dos semanas y que incluyó cortes de calles con quema de cubiertas y tomas de colegios, fue Matías Álvarez, presidente del centro de estudiantes de la Escuela Polimodal de Enseñanza Técnica. "Nos movilizamos porque nos habían prometido que las computadoras iban a estar en agosto del año pasado, pero pasaba el tiempo y nadie nos daba respuestas", explica Álvarez, que cursa tercer año pese a que acaba de cumplir los 19.
"No es una protesta para hacer quedar mal al gobierno nacional” declaró el joven, con el pelo peinado hacia arriba, al estilo del Kun Agüero, y con una trencita larga y finita, que le cae sobre la espalda.
La medida sólo se levantó luego de que el Ministerio de Educación de la Nación se comprometió a entregar las máquinas este mes y no en noviembre, como les habían dicho al principio. "Pensamos que iban a ser un par de días, pero se unieron todos los colegios", dice Álvarez, en el hall de su escuela, donde, según él mismo cuenta, "en los días de lluvia se moja más adentro que afuera".
Hijo de un portero de escuela y de un ama de casa, Álvarez trabaja como tornero los fines de semana. Sin una ideología política definida y con una fuerte desconfianza hacia los políticos, dice que no decidió si continuará su militancia después de dejar la escuela.
Tras ordenar silencio con un chistido a un grupo de compañeros que juegan de mano en el hall, cuenta que simpatiza con Cristina Kirchner, pero que se quedó con las ganas de votarla porque no figuraba en el padrón.