Como lo muestran las imágenes registradas por Catamarcactual, en uno de los dibujos se puede apreciar a una joven, adolescente quizá, con la cara demacrada, con una jeringa en la mano, botellas de alcohol en piso y hasta colgada de una soga que invita a las peores de las interpretaciones.
Al lado, la muerte personificada. Una imagen tenebrosa. Calaveras en el piso. Da miedo, incluso a los grandes. La escena es realmente muy violenta. Si bien una leyenda hace referencia a las imagenes, esta no es lo sufientemente clara, no es de facil lectura y el mensaje se diluye ante las violentas imágenes.
En el lugar pasan largas horas diariamente niños, adolescente y hasta adultos. Es un punto de reunión, de encuentro. Algunos se quedan hasta la noche. Conviven con estas imágenes.
Un espacio, celebrado por la ciudadanía, que fue creado justamente para todo lo contrario, para el esparcimiento, la diversión, la recreación, un incentivo a la vida sana, transmite hoy un peligroso mensaje a nuestros jóvenes.
¿Quién controla este tipo de pinturas? O lo más grave, ¿quién autorizó el diseño y concreción de este mural? ¿Fue el Estado, cuando construyó la pista para la práctica de este deporte? Lo cierto es que las imágenes están ahí, desapercibidas para algunos, pero muy presentes para otros. Es grave. Y alguien debería hacer algo.