Si los antecedentes de este lamentable suceso estaban plagados de errores, al morirse, la otrora usurpadora de una vivienda desató una serie de pifias una más grave que otra para finalizar con el pedido de renuncia a la Lic. Gladys Jalile de Zurita. Fue como “matar al cartero”,
¿Porqué se omitió el sumario administrativo que exigen las normas establecidas por la ley? ¿Se dispuso una medida destinada a impactar en la opinión pública sensibilizada por la historia de Valeria y su triste final? ¿Se manejó el concepto de “Crimen y Castigo” sin un juicio previo?
Nos parece que estamos en presencia de gestos relativamente teatrales propios de gente inexperta. El ademán “para la tribuna”. Para que la oposición no diga que no adoptaron ninguna medida ante la muerte de la mujer a la que, antes de su deceso, le habían otorgado una vivienda obviando todo tipo de procedimiento administrativo.
Es evidente que la crisis habitacional presenta una dimensión insuperable. Y va en aumento. Los tiempos de espera alteran los nervios del más equilibrado de los seres humanos. Para cualquier solución es necesario satisfacer una burocracia singularmente pesada, desmedida.
La construcción de viviendas está atada a viejas prácticas y puestos a buscar algo que justifique esa circunstancia hallaremos situaciones que rozan lo incorrecto.
Ni por asomo se analizó la posibilidad de hacer casas industrializadas pese a su menor costo y más rápida construcción.
Se habla de “viviendas sociales” pero en la práctica, en Catamarca “no pasa nada” pero cuando un problema de vivienda termina en un drama, lo primero es buscar un culpable, un “fusible”, la parte más delgada del hilo, que es por donde éste se corta indefectiblemente.
Hoy le tocó a la señora de Zurita. De paso, se sienta un mal precedente en materia de otorgamiento de viviendas.
¿Alcanzará, en el futuro, con una botella de nafta y la promesa de una inmolación?