Durante toda la jornada pudo notarse la presencia de mucha gente realizando sus compras o departiendo amablemente en los bares céntricos, sin que se produzcan roces de ningún tipo, a pesar de que persisten aún algunas pequeñas deferencias ideológicas que en otro momento habrían podido entorpecer la pacífica convivencia.
Después de la medianoche, tras los brindis y saludos familiares, la gente se lanzó a las calles a celebrar la alegría del año nuevo al que seguramente consideran auspicioso, a juzgar por la expresión coincidente de los rostros.
Durante la noche “findeañera”, la ciudad de Andalgalá elaboró varias propuestas de divertimento. Los boliches y lugares de diversión estuvieron literalmente desbordados de gente contenta que al parecer, esta vez asumió sus responsabilidades de cuidarse para cuidar a los demás. Prueba de ellos es que desde la Policía local no se reportaron episodios de violencia ni accidentes, que en estas fechas suelen ser bastante comunes.
Al despuntar el sol y hasta muy avanzada la mañana, aún había gente divirtiéndose, en la plaza, en los campings y en distintos lugares de la ciudad. Los empresarios se mostraron conformes con el comportamiento de la gente y con la afluencia en cada uno de sus boliches, que los hubo para todos los gustos.
En realidad, quien no se divirtió en el Año Nuevo andalgalense, no lo hizo de puro aburrido nomás.