En lo que se refiere a las estadísticas, es difícil obtener datos precisos, justamente por la naturaleza clandestina del uso de las drogas. Pero es convicción común y fundada que dicho uso se expande como el aceite.
Los efectos devastadores que la droga produce no sólo en la salud sino en la misma conciencia, así como también en la cultura y en la mentalidad colectiva. En realidad, este fenómeno es fruto y causa de una gran degeneración ética y de una creciente desagregación social, que corroen el tejido mismo de la moralidad y de la convivencia social.
La drogadicción reducen a sus víctimas a la destrucción misma de la personalidad, la droga tiende a esclavizar a la persona. Una muerte que, si no es siempre la muerte física, es sin embargo una muerte moral, una muerte de la libertad y de la dignidad de la persona.
Surge espontánea la condena a quienes son directamente responsables del fenómeno, con la producción clandestina de drogas y el tráfico de las mismas, como también de quienes son indirectamente cómplices.
La mayoría de las veces el consumidor entrado en este precipicio siniestro, se vuelven en parte incapaz de la elección radical necesaria para sustraerse a esta penosa esclavitud. Pero el principio moral, no es sólo una norma, sino también una ayuda ofrecida a la conciencia para que logre vigor y coherencia.
Frente a la enormidad del fenómeno y a sus trágicos efectos, no hay duda de que la mayor responsabilidad para afrontarlo y eliminarlo recae en las autoridades públicas. Es necesario, se dé una respuesta a los desafíos de la droga de manera decidida, adoptando soluciones que desanimen desde el inicio este tráfico infame.
Prevención, educación y rehabilitación, estos son los puntos focales que debe contener un programa que, concebido y actuado a la luz de la dignidad del hombre, sea sostenido por la rectitud de las relaciones entre la sociedad.
Existe un nexo entre la enfermedad provocada por las drogas y una patología del espíritu que lleva a la persona a huir de sí misma y a buscar satisfacciones ilusorias en la huida de la realidad, hasta anular totalmente el significado de la propia existencia.
La familia y la sociedad siguen siendo el principal punto de referencia para cada acción de prevención. Deben colaborar con las instituciones para que sean atendidos los que sufren el cenagoso mundo de la droga y no permitir que caigan en sus remolinos mortales.