La permanente tierra que respira la gente ha afectado sobre todo a los sectores más vulnerables de la sociedad, es decir, los ancianos y los niños. Prueba de ello es la cantidad de madres con sus bebés en brazos, haciendo sala de espera en los consultorios pediátricos.
Nosotros consultamos a algunos profesionales y nos comentaros que ese polvo suspendido y respirado por la gente, produce alteraciones en el aparato respiratorio que tiene mayor impacto en los niños pequeños que crean una especie de reacción alérgica que les afecta sobre todo las vías respiratorias externas.
Ante ese cuadro de situación, solamente nos queda rogar a la Pachamama que envíe aunque sea una breve llovizna para que el maldito polvo se asiente y los niños puedan salir a jugar en la plaza sin barbijo.