Es un instrumento al que se puede tocar sin saber nada de música. Para producir música solo hace falta girar un manubrio que hace mover sobre su eje a un cilindro que contiene unas púas de diferentes formas y tamaños que mueven a su vez a unos macillos que repercuten en las cuerdas de piano que se sitúan en el interior de un cajón haciéndolas sonar. Cada rodillo solía tener 10 músicas diferentes. En los instrumentos modernos la selección de la pieza se efectúa mediante una varilla con muescas, cada una corresponde a una partitura.
Por su facilidad de manejo, fue un instrumento popular que convivió con el piano e incluso con los gramófonos, sustituyéndolos en las fiestas populares. Era un instrumento tradicional en las verbenas de Madrid, en algunas de las cuales aún se utiliza. En Argentina, Uruguay y otros países de Iberoamérica se lo designa como Organito y numerosos tangos lo han tomado como protagonista en sus títulos y letras. El gran escritor argentino Jorge Luis Borges lo incluyó también en varias de sus obras.
El organito fue el gran difusor del tango en sus orígenes. A su vez la posterior difusión universal de este ayudó a divulgar esta palabra, por cuanto muchos de los títulos y letras tangueras lo incluyen en su temática. Podemos citar entre los más conocidos El porteñito, Organito de la tarde, Ventanita de arrabal y El último organito (Wikipedia).