Luego de producido el vergonzoso episodio de violencia en el que fueron heridos y lesionados varios policías, y las dependencias del Centro de Control Minero atacadas con huevos, piedras y barro podrido, episodio protagonizado por un grupejo de inadaptados que escudándose en la defensa del medio ambiente, se arrogan la representatividad del pueblo y se escudan en una cómoda impunidad para generar más y más violencia, la comunidad de Andalgalá, por distintos medios y desde distintos ángulos, expresó su más enérgico repudio, por las agresiones sociales que pretenden instalar, pero por la demora en la justicia para actuar tomando medidas ejemplificadoras para que la sensación de violencia solapada que se cierne sobre la ciudad, desaparezca.
Repudia además el hecho de que se ha comprobado –según testimonios policiales y judiciales- que los protagonistas son en su mayoría docentes que tienen la apostólica misión de formar a las nuevas generaciones y que sin embargo son permanentes difusores ideológicos de la intolerancia y el desquicio.
En la tarde de ayer hablamos con el fiscal subrogante, Dr. Daniel Farroni quien nos expresó que aún no hay detenidos a pesar de que los autores de los hechos están claramente identificados con nombre y apellido, y que seguramente no habrá porque el hecho “no da” para que alguien vaya preso.
Así las cosas, los agresores violentos, continúan transitando por las calles, con un dejo de satisfacción en el rostro, enarbolando el gesto de los que se creen dueños de la verdad, y caminando orgullosos, como si lo que hicieron fuera una hazaña.
Lo que seguramente no perciben por la ceguera que los acompaña es que todo ese pueblo al que dicen representar, los está repudiando porque solamente quiere vivir en paz. Nadie entiende tampoco que un grupo de diez o quince enajenados tengan en vilo a toda una comunidad, estructura heredada por el gobierno de Brizuela del Moral ya que la violencia fue engendrada en el despacho del entonces ministro Javier Silva.