Vandalismo, ¿protesta o delincuencia?

En el año 1794, plena época de la post Revolución Francesa, donde las facciones en pugna generaban conflictos cada vez mayores que amenazaban con destruir por completo la poca paz que pendía temblorosa de un hilo muy fino. 
miércoles, 31 de octubre de 2012 00:00
miércoles, 31 de octubre de 2012 00:00

En medio de ese caos se levantaron voces como la del Obispo de Blois, Henri Grégoire, quien fue el primero en usar el término "vandalismo" para referirse a un sector del ejército republicano que atacaba monumentos históricos y edificios públicos, perdiéndose gran parte del patrimonio cultural de esta gran nación europea.

Se sabe que "vandalismo" es, según las Enciclopedias, "la hostilidad hacia [...] las propiedades ajenas, llegando al deterioro o destrucción voluntaria de monumentos o edificios públicos, un comportamiento que se dice propio de los vándalos en sus ataques contra el Imperio romano". Lamentablemente hasta el día de hoy muchos sectores entienden que el vandalismo sigue siendo una forma de protesta legítima, cuando no lo es, a veces disfrazada de interés en el bienestar común se degenera en violencia con fines absolutamente lejanos al principio que según estos grupos persiguen, a veces simplemente los intereses políticos o la impotencia nublan el buen juicio y llevan a estos pequeños grupos a degenerarse completamente y terminar actuando como simples vándalos.

Aquí no estamos razonando sobre los motivos que dicen perseguir. Ni siquiera estamos haciendo una defensa a algunos de los sectores enfrentados, es decir aquellos que apoyan la minería, entre ellos una buena parte de la comunidad andalgalense y el propio Gobierno de la Provincia, o algunos sectores que confunden protestar con confrontar inclusive de manera muy violenta enviando al hospital a algunos miembros de las fuerzas de seguridad, sencillamente estamos analizando sobre las formas en las que degenera la protesta. Esto nos trae a la mente aquel viejo proverbio que dice: "No por mucho gritar se posee la razón".

Obviamente estamos hablando de los tristes episodios ocurridos en Andalgalá. Los responsables están identificados, pero es necesario que la justicia tome pronta medida en contra de aquellos que creen que pueden llevarse absolutamente todo por delante, que escondidos en el confortable anonimato que le da una columna de gente enfervorizada, piensan que pueden torcer una situación haciendo uso del patoterismo y no de la razón y la cordura.

Si así fuera, si se sigue permitiendo que la fuerza bruta prospere, podremos ser en breve, espectadores  de una gravísima situación que todos, los de ésta vereda y los de enfrente lamentarán sin ninguna duda.

Todo esto es alimentado por inadaptados que toman actitudes de falta de respeto hacia las autoridades provinciales aún sabiendo que venían a traer soluciones que los andalgalenses todos, pro y antimineros, esperan y exigen, como el Hospital nuevo, rutas que vamos a usar todos, y soluciones habitacionales para muchos, que desde luego profesan ideas dispares en cuanto a minería. 

Cuando se cree que este tipo de actitudes hacen grandes a las personas, se alimenta la maldita soberbia que lo único que hace es ensuciar aún más un tema que aún se encuentra en plena etapa de discusión y búsqueda de consenso.

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