La comunidad andalgalense tomó conciencia, y así lo expresa por diferentes canales, que esta ciudad es la única en la región que no tiene iglesia, a pesar de contar con un templo con gran contenido histórico, cultural y religioso, y su sola presencia a oscuras y cada vez más derruido, es el permanente llamado de atención para que de manera urgente se tomen medidas.
Desde la curia se excusan asegurando que el Tribunal de Cuentas tiene una maraña burocrática imposible de vencer, que no hay plata para los arreglos, cuando el Intendente Páez ya tomó la decisión de asignar dinero del fondo de regalías mineras para el embellecimiento y puesta en valor de la magnífica edificación, mientras se siguen vendiendo rifitas para costear gastos millonarios, en absurda actitud de enfrentamiento de la parroquia con el poder político de Andalgalá.
Lo cierto es que cada día hay más grietas, cada vez se necesitará más dinero y cada día nacen al menos una doscientas palomas que siguen llenándolo de estiércol que ya comienza a oler.
En realidad, hay algo oculto que huele más feo que ese estiércol. Así se ve, así se siente y así se escribe, desde esta ciudad sin campanas que se llama Andalgalá, la que más aporta al tesoro provincial.