SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA, 23 DE ABRIL DE 2012.
CASO DIEGO PACHAO
Diego Iván Pachao, de 20 años de edad murió el pasado 14 de marzo, luego agonizar dos días en el Hospital San Juan Bautista de la Capital de Catamarca. Allí ingresó directamente con un coma irreversible desde la Comisaría Séptima del Bº Parque América, lugar en el que estuvo demorado durante 15 horas.
Mi hijo Diego fue detenido el domingo 11 de marzo del presente año, aproximadamente a hs. 10:00 de la mañana, por defender a un amigo, Leonel González, y no dejarlo solo cuando vio que personal de la comisaria séptima lo detenía y lo golpeaba mientras estaba tirado en el suelo. Diego sólo se acercó pidiendo que dejen de golpearlo, que él les avisaría a los padres, que él quería acompañarlo. Y esa fue su condena. El motivo y/o justificación del arresto fue la ya conocida Averiguación de Actividades y medios de Vida. Lo curioso de esto es que no existe documento alguno que certifique dicha Averiguación de Actividades, ni siquiera se acercaron a nuestra casa para realizar las averiguaciones pertinentes.
Estando en la comisaria recibió maltratos físicos y verbales, fue torturado y abandonado por parte de los policías de dicha comisaria. Esto lo certifican el testimonio de su amigo y de los otros detenidos. Ellos también aseguran que Diego se sintió mal desde la tarde de ese domingo y aunque él y sus compañeros pidieron ayuda, los uniformados hicieron oídos sordos y se burlaron diciendo que “estaba borracho”. O sí hicieron algo (más tarde): tirarlo en un patio para que le dé aire hasta que “se componga”.
Cuando fui a buscarlo a las hs. 22:00 aproximadamente, porque creí que ya lo liberarían, rogué al oficial a cargo que vea cómo estaba mi hijo, pero fui burlada durante tres horas por todo el personal de guardia de ese momento en la comisaria: todos aseguraban que Diego “dormía profundamente”, porque había estado “charlando”, cuando en realidad los guardias ya sabían que la vida de Diego estaba en peligro, y además me dijeron que le darían la libertad al cumplirse las 24 horas. Lo llamativo es que a su amigo, que era quien portaba el arma blanca al momento de la detención, sí lo liberaron a las 12 horas.
Aproximadamente, a hs. 01:00 de la madrugada del día 12 de marzo, estando yo aún en la comisaría y ante mi insistencia de que vean cómo estaba mi hijo, veo como personal del SAME lo traslada en una camilla inconsciente, tiritando, sin dilatación de pupilas, vomitando sangre y con vómito de sangre ya seca, pegada a su pecho, con una data de 5 hs. aproximadamente. Esto, sumado a los testimonios, da cuenta del abandono de persona de mi hijo y de que los golpes recibidos lo llevaron a la muerte.
Porque cuando Diego ingresó al hospital antes mencionado, le diagnosticaron dos hematomas cerebrales, uno subdural y otro en el tronco, que le provocaron la muerte cerebral. Por lo tanto, mi hijo clínicamente no tenía ninguna esperanza de vida. Así como ingresó, en coma, asistido con respirador artificial y recibiendo medicación especial para el funcionamiento de su corazón, falleció el 14 de marzo alrededor de las 7.30 hs.
Las consecuencias de este homicidio son 14 policías imputados por vejaciones e incumplimiento de los deberes de funcionario público, (el comisario Rafael Méndez, el sub-comisario Ramón Quevedo, los oficiales Sub-inspector Ricardo Varela y Gustavo Bulacio, Agentes Ricardo Barrera, María de Acevedo, entre otros) un médico de sanidad policial imputado, Duilio Gallo Canciani, por incumplimiento de los deberes de funcionario público y dos jóvenes de apellido Leiva imputados por homicidio preterintencional. Lo curioso de esto es que culpan a éstos últimos de homicidio cuando en realidad ellos sólo fueron parte de una pelea callejera ocurrida varias horas antes de la detención de mi hijo Diego y su amigo. Estamos convencidos de que quienes causaron su muerte fueron los uniformados y no los mencionados jóvenes. Porque mi hijo ingresó a la comisaria por sus propios medios, incluso el médico de sanidad policial declara que cuando él lo revisó Diego estaba bien, lúcido, con una buena articulación del lenguaje y sentido de la orientación, pero 15 horas más tarde salía en una camilla en total estado de inconsciencia y prácticamente muerto. Entonces ¿qué más pruebas quieren para que el personal policial reciba la imputación correspondiente, es decir homicidio?
Hoy, a un mes y medio de la muerte de mi hijo no hay ningún detenido. Las autoridades judiciales, Fiscales Marcelo Sago y Miguel Mauvecín, nos dicen que necesitan más pruebas, que debemos tener paciencia y que cada proceso lleva su tiempo, mientras que a mi hijo Diego lo mataron en cuestión de horas. ¿Hasta cuando tenemos que esperar para que los asesinos de mi hijo sean detenidos y reciban el castigo que merecen? ¿A dónde está la Justicia de Catamarca?
El crimen de mi hijo por apremios ilegales no es el primero en la provincia y no será el último si estos sistemas judicial y de “seguridad” no cambian y actúan como corresponde.
Sólo pedimos Justicia por mi hijo, no debemos permitir que su crimen quede impune y se olvide como tantas otras muertes. Lo que ocurrió con mi hijo no se debe repetir.
Sabemos que hoy los medios masivos de comunicación juegan un papel sumamente importante no sólo en la difusión de la información sino también en la presión que ejercen sobre el Estado y sus diferentes poderes. Por ello es que acudimos a ustedes y solicitamos su valiosa e imprescindible ayuda.
Desde ya, muchas Gracias.
Claudia Liliana Veliz, madre de Diego Iván Pachao