¿Habrá que regresar a la escuela?

Los problemas que presentan -en lo tocante a una supuesta preparación relativamente “académica” en la mayoría de las personas que ingresan a puestos públicos-, no son para nada novedosos.
viernes, 27 de abril de 2012 00:00
viernes, 27 de abril de 2012 00:00

Se trata de una cuestión que se remonta a varios lustros y es válido sospechar que un eslogan que se popularizó en  los años ’50  tenga algo de culpa con lo que ocurre actualmente.

Por cierto nos referimos a una  especie de consigna totalmente desacertada  como fue “Libros no, alpargatas si” que caló hondo en los ámbitos educativos que optaron  por nivelar para abajo y convertirse en materia para el tango “Cambalache” del inolvidable Enrique Santos Discépolo.

Ya no nos acordamos de los tiempos en los cuales los docentes catamarqueños gozaban de merecido prestigio  como educadores trabajando en escuelas de todo el país.

Han desaparecido materias como “Castellano”, “Gramática”, “Lectura y Declamación”; fueron reemplazadas por otra clase de asignaturas que no han funcionado con la eficacia que hubiese sido deseable. Otra materia desaparecida es “Caligrafía” y según nuestro parecer, la buena letra en un manuscrito es una muestra de  consideración,  respeto y autoestima.

Con el paso de los años el nivel de los educadores fue disminuyendo paulatinamente y en paralelo, las exigencias de los educandos corrieron parejas.

Recordemos ese gran “invento” que fueron los “manuales”, Las materias eran “comprimida” en un pequeño libro mediante el cual se adquiría un somero conocimiento  más que superficial de un determinado tema. Admitamos que fue algo muy positivo para los que manejaron los manuales como negocio pero como aporte al conocimiento fueron un rotundo fracaso aunque no sería raro que aparezca  alguien apoyando a esos materiales.

Es factible que la falta de preparación de muchas personas sea más notable con motivo del cambio de autoridades y el ingreso de nuevos empleados a puestos públicos y algo así podría  haber dado lugar a las expresiones de la doctora Silvina Millán, juez de Primera Instancia en lo Civil cuando dijo: “El problema principal es la falta de preparación de los empleados para decretar y tomar audiencias, más el bajo nivel de redacción y ortografía que presentan en general”. Al parecer, se quejó del personal y le habría pedido a la Corte personal “calificado”,

No viene al caso mencionar –tangencialmente--, si alguien se mostró molesto por los dichos de la doctora Millán o pensó en “hacer ruido” a nivel laboral. El clima de respetuosa cordialidad que existe en la Cámara no se vio afectado para nada.

Que no se tome como una expresión ofensiva o peyorativa pero las personas que presentan los problemas mencionados por la magistrado son consideradas técnicamente  como “analfabetos funcionales”.

Se trata de personas que han aprendido a leer y escribir, saben utilizar una calculadora de bolsillo y dominan los SMS o mensajes de texto mediante un nuevo idioma que se lleva puestas las reglas ortográficas entre otras cosas.

En las denominadas “redes sociales” dejan claras evidencias de su falta de preparación. Abundan las expresiones torpes, chabacanas, groseras,  de mal gusto y plagadas de errores de toda naturaleza.

Mediante instrumentos como la Ley 1420 fogoneada por Manuel Láinez la Argentina pasó a ocupar uno de los primeros puestos, a nivel mundial, en cuestiones vinculadas con la educación.

Tan solo como una suposición, cabe pensar que haya personas que se consideran con derecho a un puesto público en la “categoría” de “ñoqui” y para ello no es necesaria ninguna preparación: con tener la cara relativamente dura y pasar a cobrar a fin de mes es suficiente. Por cierto ésta no ha de ser la clase de “personal calificado” que desea la doctora Millán.

Fuentes cercanas a la Cámara en cuestión, señalan que la doctora se ha preocupado por elevar el nivel del personal. Entre otras medidas elaboró un manual referido a la utilización de los signos de puntuación.

La consideran –a la juez-, como “una persona muy exigente” algo perfectamente aceptable si se toma en cuenta la importancia de la documentación que elabora esa dependencia del Poder Judicial. En buena hora que se exijan niveles de excelencia a los empleados en  el cumplimiento de sus obligaciones en un clima de ponderable compañerismo.

Tal vez la solución pase por el dictado de cursillos acelerados para los beneficiados con un nombramiento de manera que cuando asuman sus funciones no estén tan “crudos”. Algo así como un regreso a la escuela.

Para finalizar un dato poco conocido tiene relación con un antecedente laboral de la doctora Millán que en los años ‘90 se desempeñó como Correctora en un matutino local, una profesión que requiere un dominio total del idioma castellano que se refleja en la calidad de la documentación que producen en la Cámara a su cargo que -dicho sea de paso-, goza de un bien ganado prestigio en el foro catamarqueño.

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