Tanto el cartelito “NO SERVICE” como el de “LIMITED SERVICE” se han vuelto populares en miles de computadores en nuestra región. A los abonados a la telefonía móvil ni siquiera le dejan ver los cartelitos; directamente los dejan sin señal.
Hemos padecido la falta de servicio durante varios días y lo “normal” son las más que frecuentes interrupciones que pueden durar desde cinco minutos hasta dos o tres horas.
Hemos consultado a un experto en estas cuestiones quien, a modo de explicación para neófitos, nos contó lo siguiente:
“En los años ’90 comenzó a funcionar CTI, una empresa de telefonía móvil. No existían los SMS o mensajes de texto y había un millón de abonados para una estructura capacitada para atender diez millones de celulares operando solamente con voces, por así decir. Las tarifas eran relativamente económicas y el número de abonados creció espectacularmente. Un buen día aparecieron celulares que podían mandar y recibir mensajes y la estructura aguantó un tráfico de millones de SMS.
“CTI fue comprada por Claro una multinacional de capitales mejicanos que agregó Internet a sus servicios a razón de $ 119.90 mensuales por el abono. Pero sin ampliar la estructura.
Según datos de buena fuente, Claro tiene más de 16 millones de abonados, algo menos que Personal y algo más que Telefónica y en la actualidad en nuestro país existirían unos 45 millones de celulares activados. Hay más teléfonos que habitantes.
El técnico nos explica que los avances tecnológicos de los celulares han recargado ostensiblemente el sistema primitivo de CTI que, según parece, no ha sido ampliado y resulta que ahora los celulares mandan fotos y vídeos y tienen Internet. Todo apoyado en el mismo sistema que ya es obsoleto.
Para colmo de males con el cambio de prefijo el sistema emite un mensaje cada vez que marcamos un número no actualizado y eso es otra “mochila” para el perimido sistema.
No hace falta mencionar los trastornos que ocasionan estos cortes en los servicios.
Lo razonable sería que la empresa haga un descuento por los servicios no prestados pero a la hora de facturar esos detalles no son tenidos en cuenta.
Todas estas peripecias son posibles en un país en el cual el Estado está ausente, no controla nada, no sanciona las irregularidades y no protege a sus habitantes del malandrinaje de ciertas empresas que se dedican a facturar, recaudar y no ponen un solo peso en el país como aporte a la solución de los problemas y al desarrollo general.
A los catamarqueños nos toca “agua y ajo” (Aguantarse y Ajoderse) y confiar en que los nuevos aires que están soplando en la Provincia sirvan para despertar a los encargados de defender a los consumidores que ya están hartos de sufrir toda clase de tropelías.