Azul Selser nació en la provincia argentina de Catamarca. Posteriormente la familia (Selser Biorjman) se radicó en Buenos Aires. Siguiendo los pasos de su hermana hizo aliá antes de cumplir 19 años. Al llegar residió en el Centro de Absorción de Kfar Saba, donde aprendió hebreo. Luego pasó a vivir en el kibutz Guivat Brenner. En mayo de 2010 comenzó el período de instrucción militar en una unidad especial para nuevos inmigrantes. En estos momentos tiene el grado de sargento y su tarea está relacionada con la transmisión de datos y codificación.
Azul comienza diciendo que el impulso para concretar la aliá lo recibió de una hermana que vino años antes. Aclara que si bien la familia estaba en contacto con la comunidad, no asistió al colegio judío.
Sus padres fueron los primeros en visitar Israel, al regresar relataron su experiencia. Como todo joven en la edad de la enseñanza secundaria, Azul escuchó sobre Israel y el ideal sionista la atrapó. Cuando finalizó los estudios, resolvió que había llegado la hora de dar el paso práctico y venir.
Aclara la joven militar que cuando llegó no tenía ningún conocimiento de idioma hebreo. Estuvo en un Centro de Absorción donde comenzó el aprendizaje de hebreo y le resultó relativamente fácil.
Luego se enroló en una unidad de nuevos inmigrantes que combina la “tironut” (adiestramiento primario) de tres meses con el aprendizaje de la lengua. Allí el Ejército tiene una consideración especial con los reclutas que son todos recién llegados.
La etapa siguiente fue de selección para un curso de redes de computación en el que la aceptaron pero no siguió y en segunda instancia, pasó al curso que concluyó con éxito. La base está en el sur del país. Afirma con entusiasmo: “Estoy conforme; me encanta lo que hago y con la gente que pertenece a la misma unidad. Siento que me integré a la sociedad. De a poco entiendo cómo funcionan las cosas, la cultura, la música. Esto permite un acercamiento a la gente de la calle”.
Azul finalizará el servicio dentro de algunas semanas y pasará a la vida civil. Piensa continuar viviendo en el mismo kibutz y espera la visita de su hermana. Con relación a los planes futuros, aun no cristalizaron, dice.
A los jóvenes que balancean la opción de venir, les envía un mensaje preciso: “Israel no se entiende hasta que uno llega. A esta edad lo mejor es venir, incorporarse al Ejército y de esa manera conocer de cerca de la sociedad israelí”.
De instructora de morteros a estudiante de Medicina
Orit Marroquín, de 21 años, nació y creció en Guatemala. Reside en el kibutz Beerot Itzjak, en el centro del país. Aunque no concurrió a la escuela judía, conservó las tradiciones en su casa. Señala al comienzo de la conversación con el representante de Aurora que en su país de origen la comunidad es muy pequeña y solamente funciona el movimiento Macabi. Orit concurrió a un colegio laico privado hasta que finalizó los estudios secundarios.
Llegó al país por primera vez en 2008, en el marco de Taglit. Permaneció en Israel por seis meses, tres de ellos como voluntaria en el kibutz y los restantes en una midrashá de estudios religiosos en Jerusalén.
Posteriormente regresó a Guatemala y en abril de 2009 se vino en forma definitiva. Primero quería aprender hebreo porque no conocía nada del idioma. Luego fue aceptada el curso predatorio para la Universidad que dura un año. Antes de ingresar al Ejército se enteró de la posibilidad de hacerlo en el marco del grupo Tzabar, destinado a jóvenes que proceden del exterior.
Los padres se opusieron a la idea de que ingrese en una unidad de combatientes pero aceptaron su idea de ser instructora de tanques. Después de la instrucción básica como tanquista, muy difícil e intensa a lo largo de tres meses y medio, fue aceptada para hacer el curso de instructora de morteros por un mes. Desde que lo terminó cumple esa función.
“Me encanta lo que hago; no estoy arrepentida de nada”, asegura. El plan siguiente era ingresar al curso de oficiales pero una lesión seria en la espalda se lo impidió.
Explica Orit que su plan es estudiar algo en el área de la Medicina. Recuerda que en Guatemala ya la habían aceptado en la Facultad pero renunció a los estudios para venir a Israel.
En octubre de este año, la soldada Orit Marroquín concluirá el período del servicio militar obligatorio. Sus palabras no requieren mayores interpretaciones: “Me gusta mucho Israel y siento que este es mi país. Aquí pienso construir una familia con el sueño que mis hijos no tengan que ir al Ejército”.
A los que dudan ante la opción de venir a Israel les dice: “Vengan antes que nada a conocer el país; es la única forma de saber si pueden adaptarse y vivir acá”.
J.D. (Diario AURORA, de Israel).