Las nuevas generaciones de delincuentes se han frivolizado por una parte y por otra le han perdido respeto a la vida humana y la autoridad pareciera que no existe. Esta nota se motiva y sustenta en la absurda denuncia de aquel legendario sujeto delincuente, de apellido Fuenzalida que sin autoridad moral ni social, amparado por algún magistrado, ha involucrado a policías que hoy sufren las consecuencias de la falacia.
La delincuencia hoy responde más a los instintos que a la planificación fría de una mente racional. El accionar de los mismos es más violento se ejecutan con sadismo sin límites, pero con la ligereza de una travesura juvenil.
La indefensión ciudadana en relación con la falta de confianza en las autoridades que tienen la responsabilidad de protegerles, es destacada por la falta de seguridad que se vive.
Es un grave riesgo de que la justicia quede en manos de los ciudadanos perjudicados, que responderán más a sus sentimientos y emociones que al conocimiento del conjunto de leyes que deben sustentar al Estado de Derecho.