Cacerolas de una afamada marca, colchones de muy buena calidad, ropa de jean en una gran variedad, artículos de bazar y hasta packs de botellas de fernet, eran ofrecidos a muy bajo precio, como para tentar a las amas de casa y sus acompañantes. Más atrás, marchando lentamente, una camioneta con la caja repleta de mil artículos más, conducida por un hombre un poco mayor.
La actitud escurridiza y la mirada atenta y temerosa de los ocasionales vendedores ambulantes, se prestó para la sospecha, y más de uno se aventuró a asegurar que se trataba de artículos logrados durante los escandalosos saqueos en la ciudad de Tucumán.
Lo llamativo –o no tanto- fue que comenzaban ofreciendo la mercancía a determinado precio, muy por debajo de los valores de mercado, y terminaban casi regalándola por lo que el ocasional cliente quisiera pagarles, casi por la nada.
A nuestro medio llegaron reportes de que en los distritos cercanos al centro, andaban otros grupos con las mismas intenciones, pero con muebles, televisores y otros artículos electrónicos. La actitud, era la misma y el regateo por la nada también.
Supimos también que, enterado el personal policial, se habría acercado a ellos para determinar la legalidad de la tenencia de esa mercadería, ante lo cual, esos grupos desaparecían sin dejar rastros y solamente con unos cuantos pesos logrados con las ventas domiciliarias. Tan situación se habría generado en nuestro mensaje de “no compre robado”, conocedores del “modus operandi” de los saqueadores.