Así lo aseguró el presidente del Club Náutico Los Talas, Enrique Cesarini, quien a través de una entrevista radial desestimó que esta situación ocurrida en Rosario pueda darse en Catamarca. “En ríos y embalses de Catamarca no hay peligro de aparición de palometas”, apuntó.
Sin embargo, remarcó que las palometas son comunes en los embalses y que en Catamarca ya se dieron mordeduras a pescadores, aunque no son del tamaño de otros lugares.
En este sentido, indicó que la dimensión de palometas del Río Paraná no llega a ser las que puedan existir en Catamarca. “Se está trabajando en cómo combatirla”, señaló el especialista agregando que en el país “no hubo un trabajo serio de cómo erradicarlas”.
Cabe remarcar que el del Río Paraná fue un ataque sorpresivo provocado por las altas temperaturas.
Una invasión de palometas, que la gente suele llamar comúnmente pirañas, produjo en la zona de la Rambla Catalunya, de la ciudad de Rosario, sobre el río Paraná, al menos 60 heridos. El caso más grave fue el de una niña de 7 años a quien se le debió amputar parte de uno de sus dedos.
Lamentablemente, a pesar de lo sucedido -hubo varios mayores con lesiones en piernas y brazos- personal de la Guardia Urbana Municipal debió esforzarse para impedir que la gente ingrese a las aguas del río Paraná. Es que la ciudad soportó, como gran parte del país, temperaturas cercanas a los 39 grados.
Según el Laboratorio de Ictiología del Instituto Nacional de Limnología (Inali), que funciona en la vecina ciudad de Santo Tomé, son muchas las especies de palometas que existen, pero las más comunes en la zona son la spilopleura, conocida como piraña, palometa brava o palometa brillante; y la nattereri, llamada palometa mora o palometa pacusa.
Perciben la sangre, por eso cuando una de ellas muerde a alguien es muy probable que las otras se acerquen para atacar a otros. Es entendible, entonces, que los guardavidas cuando se anoticien de un caso le pidan a todos los bañistas que se retiren del agua.
Aparecen cuando las temperaturas son altas. En esta capital, en la década del 70, para permitir el ingreso de bañistas a la playa se colocan trenzados de alambres a unos 5 metros de la costa, para evitar su ingreso.