Abuela santamariana cumplió 100 años honrando la vida

Un siglo de vida son un sinfín de historias, y es eso lo que hoy celebra doña María Mercedes Chaile de Ibáñez, quien ayer cumplió cien años de vida. Se la ve alegre, firme y es un ejemplo de muchos, pues lleva sus días alegremente, activa y nos hace reflexionar y pensar que esa es la forma, tal como la dice la canción de “Honrar la vida”.
jueves, 26 de septiembre de 2013 00:00
jueves, 26 de septiembre de 2013 00:00

En estos años, logró ser el pilar de una gran familia que hoy la acompaña y agradece a Dios el tenerla viva y tan sana como se encuentra. Doña Mercedes nació en Santa María el 24 de septiembre de 1913, hoy vive en el Barrio Santa Rosa pero anduvo por varias provincias del país.

De joven se casó y tuvo 6 hijos, Pedro Diácono, Elena Antonia, Carmen Rosa, Felisa Aurelia, Josefa Mercedes y Juana. Tiene 27 nietos, 67 bisnietos, 6 tataranietos y uno más en camino. Hoy vive con uno de sus nietos y destaca “mi nieto Gustavo Ibáñez me acompaña, el está conmigo aunque es un poco andariego, pero siempre esta”, dice riendo con picardía.

Amablemente, la familia recibió a Vallecalchaqui.com y ella misma, con una frescura y lucidez destacable. En la entrevista recordó varias cosas de su vida, y comenzó diciendo “Yo pase muchas cosas en mi vida, buenas y malas. Primero para criarme yo, porque yo no tuve mis padres. Antes nos dejaban en cualquier lado para que ganemos el pan y ellos se iban a trabajar y yo quedaba.
Después un poco más grande trabajé mucho, en ese tiempo se viajaba a los ingenios. Yo sé hachar caña, se aporcar caña, así me crié en aquellos años. Me subía a los camiones, en lo carros aunque haga frío o calor, o esté lloviendo yo me subía en las escaleras a cargar la caña. Así trabaje en Tucumán, en Santa Ana, Ledesma, La Esperanza y trabajaba a la par de los hombres”, recordó.
Ya con el paso de los años y una vez casada, doña Mercedes continuó ganándose el pan de cada día, pero esta vez haciendo productos regionales. “Trabajé muchos años haciendo masitas, me iba para todos lados a vender. Todos los años me iba a Salta con cajones llenos de masitas, con eso crie mis hijos, los hice estudiar”, agregó.

A pesar de sus años, el agradecimiento a Dios siempre está presente en la centenaria quien resaltó, “como no voy a agradecer a nuestro señor que me dio tantas cosas, hay que tener fe en nuestro señor, es él quien nos da fuerzas y valor”.

El recuerdo del pasado

Doña Mercedes también compara el pasado con el presente, y lo que más rescata son los valores y la cultura del trabajo de ese tiempo. “Antes se trabajaba, no estábamos esperando que nadie nos dé nada. Trabajábamos para criar los hijos, ahora no saben cómo manejar una pala, no quieren agarrar una herramienta.

Yo crié a mis hijos así, todos trabajaban en la casa, los crie trabajando a mi lado, no han salido a criarse en la calle, habrán sufrido algunas veces, pero han salido recién cuando ya se iban a casar. Hoy la juventud está muy cambiada, antes era mejor, la gente se sabía respetar, sabíamos cómo trabajar, como ganar el pan, ahora no, muchos están esperando que les den y no es así, ahora no quieren trabajar porque ya saben que igual les van a dar”, reflexiona.
Así recibe sus cien años de vida, recordando sus viajes en mula hasta Alemanía, donde para llegar dormían en el suelo, bajo los árboles, pasando ríos crecidos, siempre buscando en el trabajo, el pan de cada día. Recordando sus primeros diez centavos ganados a los 7 años, cebando mate para sus patrones.

Para concluir, doña Mercedes resume sus cien años en una sola frase, “Mi vida es toda una historia”.
Por su parte, Carmen Rosa, una de las hijas de doña Mercedes agregó, “La vemos muy bien, y damos gracias a Dios que la tenemos todavía a pesar de sus años, la verdad que no aparenta la edad que ella tiene. Siempre venimos a visitarla, casi todos los días.

Hoy la acompañamos acá, pero el sábado va a ser a fiesta grande, donde toda la familia y amigos vamos a compartir la alegría de tenerla con nosotros”, concluyó. Fuente: Valle Calchaqui 

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