La administración pública, que es el motor de la vida institucional, social y política de la provincia, tiene sus actividades reducidas a su mínima expresión, ordenado por la superioridad que seguramente no ha tenido en cuenta que hay muchas situaciones particulares que hay que atender por más enero que sea y por más que la sensación térmica sea de 49° a la sombra.
Muchas personas del interior, sobre todo del lejano Oeste provincial, tuvieron que regresar sumamente enojadas porque al acudir a alguna oficina pública se encontraron con que la mínima guardia, les comunicó que no hay ningún jefe para solucionar su problema.
Pasa lo mismo en los hospitales públicos donde se postergan operaciones y otras prestaciones porque “estamos en enero, y enero es de vacaciones, nadie trabaja”, tal la habitual respuesta de los escaso agentes presentes en las dependencias.
En realidad, la vida no se detiene en cada enero. Y es demasiado comprensible la frase que ya está acuñada por tantas personas que de una manera u otra se vieron perjudicadas por el…”maldito mes de enero”.