lunes, 27 de enero de 2014
08:13
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El mismo viernes pasado, los habitantes y los visitantes de El Rodeo coincidían en que el ultimo puente construido sobre el Rio Ambato, el que está donde antes había solamente un vado, en la calle que va desde el mástil del pueblo hasta la escuela, hizo las veces de dique de contención de la creciente que vino tras la tormenta.
El murallón construido al lado de la parte baja del puente habría sido lo que termino desviando el alud del cauce natural del Rio, orientando las piedras y el barro hacia la Ruta 4, a espaldas del Comedor y Hostería Villafañe. El alud, totalmente descontrolado, arraso con viviendas completas hasta salir a la Ruta, para luego volver a encausarse en el puente sobre la Ruta.
No estaría mal que se investigue la versión; lo repetimos, instalada el mismo viernes de la tragedia, seria hasta conveniente, para que en el caso de ser necesario, destruirlo para que en el futuro no cause más tragedias.
Pero paralelamente, la investigación debería avanzar también sobre las responsabilidades políticas, como se hizo en otras catástrofes que enlutaron al país.
El caso más famoso por decirlo de algún modo es el de la tragedia de Cromañon. El caso que derivo en la destitución del entonces Jefe de Gobierno de Buenos Aires, Anibal Ibarra.
Allí murieron personas que asistían a un centro de diversión nocturno como consecuencia de un incendio, el intento de evacuación de un local superpoblado varias veces por encima de su capacidad y la falta de elementos de seguridad y vías de escape acordes con las normas de seguridad que existían, pero que nadie se preocupaba por hacer cumplir en forma efectiva.
Ese es el motivo formal de la destitución de Ibarra, quien, por presidir el Gobierno de esa ciudad, fue encontrado culpable de grave incumplimiento de sus deberes de funcionario público. No fue Ibarra en persona el que llenó Cromañón con mucha más gente que la permitida, ni el que cerró con candado un gran portón que hubiera servido para la evacuación, ni el que instituyó una guardería infantil en un baño en el entrepiso ni, finalmente, el que encendió las fatídicas bengalas que provocaron el incendio.
Pero fue el que desmanteló el cuerpo de inspectores porque, seguramente con algún fundamento, corrían acusaciones de corrupción contra algunos de sus integrantes, y no había dispuesto medidas efectivas para su reorganización y adecuado funcionamiento para la época en que sucedió la tragedia.
Aquí no fue el que mando a construir el puente el que determino una tormenta eléctrica, que fuera el origen de un alud gigantesco que arrasara con todo lo que encontrara a su paso y terminara con la muerte de personas inocentes.
Pero desde lo político alguien tiene que ser responsable de lo que subordinados suyos hagan mal como este puente; así debería ser con cualquier dirigente político que tuviera funciones de Gobierno, que tuvo gente a su cargo para verificar que las obras se hagan bien. Ojalá.