Sin dudas existieron pérdidas materiales que hasta ahora
resultan incalculables, porque solo en pocos minutos familias enteras vieron
como este fenómeno natural se llevaba el esfuerzo y el sacrificio de toda una
vida.
En la jornada del lunes por la tarde, fueron entregados 100
paquetes de polenta de medio kg, 100 kg de azúcar, 100 cajas de fósforos, 240
litros de leche larga vida, 72 paquetes de fideos de medio kg, 48 puré de
tomate de 520 grs., 36 litros de lavandina, 85 sachet de detergente por 135 cc,
250 velas, 84 paquetes de galletas y 96 latas de picadillo.
Los habitantes de este tranquilo pueblo todavía siguen sin
agua potable, el servicio de energía eléctrica fue restablecido en un 70%, en
forma paulatina algunos comercios comenzaron a abrir sus puertas luego de días
de trabajo para terminar de sacar el lodo que ingreso hacia sus propiedades.
Productores de vid por donde pasó el alud sus fincas fueron
tapadas, lo mismo ocurrió con las verduras, citrus, alfalfa, maíz, etc. También
se arruinaron los alambiques en los que se fabricaban vinos y aguardientes.
Toda la posibilidad de generar trabajo y expectativas de producción para la
población quedaron sepultadas bajo más de un metro de barro y piedras.
Un total de 191 familias resultaron damnificadas por el
alud, de las cuales 55 familias están en estado crítico, 18 de ellas perdieron
todo (vivienda, electrodomésticos, mobiliario, producción agropecuaria etc.) 32
viviendas quedaron llenas de lodo.
En la Capilla Santa Rosa de Lima en Siján (Dpto. Pomán),
desde el momento mismo de la tragedia, se encuentran trabajando jóvenes de
distintas edades, que pertenecen a la comisión pro Templo, grupo juvenil,
bomberos voluntarios y vecinos de la mencionada localidad y pueblos vecinos.
Ellos se autoconvocaron y desde las primeras horas junto con
las familias damnificadas se pusieron a trabajar para brindar la ayuda
necesaria a quienes mas lo necesitaban. Recibieron donaciones de todo tipo y la
solidaridad de miles de catamarqueños y argentinos no tuvo fronteras. Los
bolsones se preparan para dos o tres días y se tiene en cuenta la necesidad de
cada familia, ya sea de alimentos, ropa, calzado, elementos de limpieza etc.
Las historias de vida de estos pobladores se resumen en años de esfuerzo y sacrificio para
levantar sus viviendas y fincas destinadas a la producción agropecuaria.
Todavía a varios días del fenómeno natural, no pueden salir del asombro y
estado de shock al recordar lo que tuvieron que vivir la noche del jueves 23.
Algunos de ellos de a poco se están reintegrando a sus hogares.