Efectivamente, muchos temores se generaron y no fueron pocos
los que miraban hacia el cerro con mucho recelo, mientras la lluvia caía
copiosamente anegando calles y espacios. Una precipitación que duró unos treinta minutos con fuerza e
intensidad inusitadas. En realidad, el pánico ha sido velado pero evidente, ya
que nadie gritó ni chilló, pero a media voz manifestó sus válidos temores.
Cabe aclarar que en el río mencionado se construyeron fuertes defensas, con
ensanchamientos en la llamada "garganta” para evitar eventuales anegamientos.
De cualquier manera, la psicosis colectiva por lo de Siján
permanece intacta entre todas las poblaciones emplazadas en la ladera o en el
pié de los imponente cerros de la zona. Recién ahora, ante los hechos
irreversibles y mortales, alguien se acordó de la conformación del COE.
Esperemos que no sea demasiado tarde y las acciones se concreten lo antes posible.