En la ciudad de Andalgalá, han sido 28 los beneficiarios,
y por acción de
Rosa M. de Amanao aseguró que en sus casi 80 años de vida
jamás se había sentido tan felíz, porque por primera vez se sintió incluida en
el sistema, con lo que sus penurias se
terminaron. "No importa la plata que vaya a cobrar, ahora tengo obra social y
dentro de muy poco me voy a hacer un chequeo general que nunca pude hacerme
porque realmente no tenía plata para médicos ni remedios. Me siento muy
contenta. Gracias. Gracias”, mientras dos lagrimones corrían por sus mejillas
curtidas por el viento de la montaña.
Teresa R. de Chaquiago recibió la notificación y, según sus
propias expresiones, "casi se desmaya”,
porque con ese papel en la mano entendió que ahora tiene el resto de su vida
asegurada.
Para ejemplificar bastan estos testimonios, lo importante de
esto es que la gente ha entendido que la jubilación es un derecho que tiene
rango constitucional y que no hay nada más justo socialmente, que premiar el
trabajo y proteger a la ancianidad, uno
de los sectores más vulnerables de la sociedad, y que nunca antes han sido
considerados en su exacta dimensión humana y social, como lo es actualmente,
con el nuevo criterio de distribución de la riqueza en la país.