La celebración eucarística, correspondiente al segundo día
del novenario, fue presidida por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, y
concelebrada por el P. Lucas Segura, Capellán del Santuario Mariano.
Participaron miembros de las colectividades española,
italiana, Irlandesa, paraguaya, peruana, colombiana, entre otras, algunas de
las cuales lo hicieron con las banderas sus países de origen. También leyeron
Durante su homilía, Mons. Urbanc se refirió al tiempo de
Adviento, que nos prepara para
Ahondando en este aspecto, expresó que "el silencio no es
sólo ausencia de ruido, sino más bien una decisión, una activa renuncia a
cualquier otra voz para poder concentrarse en
TEXTO COMPLETO DE
Queridos Devotos y Peregrinos:
En este segundo día de la novena en honor a nuestra amada
Virgen del Valle se nos propone fijar la atención en el mensaje propio del
tiempo de Adviento que estamos iniciando: ‘Estemos despiertos y prevenidos’
porque desconocemos el cómo, el dónde y el cuándo llegará el dueño de casa, es
decir, la segunda y definitiva venida de Cristo, con poder y gloria, para
juzgar a vivos y muertos. Ojalá que la pedagogía del Adviento nos eduque al
punto de poder llegar a exclamar como el santo Cura de Ars: "¡mi único deseo es
amar a Jesús hasta el último suspiro de mi vida!”.
Hoy rinden su homenaje a
Los invito a todos a que esperemos a Jesús como María, y con
Ella.
Es sumamente consolador cómo
Ya lo decía el beato Pablo VI en su encíclica Marialis
cultus, n° 4: "los fieles que viven con la liturgia el espíritu del Adviento,
al considerar el inefable amor con que
Por ello vamos a tomar a María como Modelo del que recibe
En Ella vemos a alguien despierto en su fe, atento a la voz
de Dios que le llega a través de la lectura y meditación del Libro de
Para poder escuchar, María tenía su corazón en silencio,
acallados todos los ruidos interiores, porque el silencio es la condición
necesaria para que
El autor bíblico dice: "Cuando un silencio apacible envolvía
todas las cosas, y la noche había llegado a la mitad de su rápida carrera, tu
Palabra omnipotente se lanzó desde el cielo, desde el trono real...” (cf. Sab
18,14-15).
El silencio no es sólo ausencia de ruido, sino más bien una
decisión, una activa renuncia a cualquier otra voz para poder concentrarse en
Al mismo tiempo es necesario que el silencio interior
adquiera una dimensión espacial: la soledad. En el desierto, lugar silencioso y
solitario por excelencia, comienza la proclamación de
Solamente si nos decidimos a habitar el propio corazón, en
soledad y silencio, podremos acoger
Así, creo, que estaba
Así deberá estar nuestro corazón para recibir la visita de
Justamente en nuestro interior, en nuestro propio corazón,
es donde ha sido sembrada la semilla de
Como ejemplo oigamos el testimonio de san Agustín:
"¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!... He
aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme
como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas
conmigo, pero yo no contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no
estuviesen en ti, no existirían… Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera;
brillaste y resplandeciste, y sanaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y
respiré, y suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed de ti; me
tocaste, y me abracé en tu paz" (Confesiones L. X, 38).
Los invito ahora a poner nuestra atención en dos imperativos
que escuchamos en el evangelio (Mc 13,33-37): ‘Velen’ y ‘estén prevenidos’.
¿Qué es ‘velar’? Es permanecer despiertos como dice San
Pablo: "no nos durmamos como hacen los otros: permanezcamos despiertos y seamos
sobrios..., revistámonos con la coraza de la fe y del amor, y cubrámonos con el
casco de la esperanza de la salvación” (1 Tes 5,6-8); "velar” es, pues,
practicar infatigablemente las virtudes, sobre todo las teologales de la fe, la
esperanza y la caridad, que nos hacen buenos y hacen buenas nuestras obras.
‘Velar’ es también practicar la penitencia, siempre necesaria
porque siempre pecamos, ya que, como dice el profeta Oseas, en el mundo "no hay
fidelidad, ni amor, ni conocimiento de Dios..., sino sólo perjurio y engaño,
asesinato y robo, adulterio y extorsión, y los crímenes sangrientos se suceden
uno tras otro” (4,1-2); o, como dice Isaías, los hombres somos "rebeldes y
renegamos del Señor, dimos la espalda a nuestro Dios, hablamos de oprimir y
traicionar, y urdimos palabras engañosas en el corazón. Así retrocede el
derecho y se mantiene alejada la justicia, porque la verdad está por el suelo
en las calles y la rectitud no tiene acceso. La verdad está ausente y los que
se apartan del mal son despojados” (59,13-15); en efecto, queridos hermanos,
‘velar’ es practicar la penitencia para que el Señor nos libere del pecado.
‘Velar’ es cumplir diligentemente con nuestras obligaciones
cotidianas, porque, según el libro de
los Proverbios, "practicar la justicia y el derecho agrada al Señor más que los
sacrificios” (21,3), por lo que San Pablo exhortaba a los tesalonicenses a
apartarse de todo hermano que lleve una vida ociosa y a trabajar en paz para
ganar el pan de cada día (2 Tes 3,6.12).
‘Velar’ es, en fin, desempeñar con fidelidad nuestra misión
de profetas, porque, según las palabras de Isaías, "así me ha hablado el Señor:
¡Ve, aposta al centinela, que anuncie lo que vea!... Entonces gritó el vigía:
Sobre la atalaya, Señor, estoy siempre de pie, todo el día; en mi puesto de
guardia, estoy alerta toda la noche... Y si alguien le grita: Centinela,
¿cuánto queda de la noche? El centinela responde: Llega la mañana y de nuevo la
noche. Si quieren preguntar, pregunten; vengan otra vez (21,6.8.11-12); ‘velar’
es, pues, permanecer despiertos como un centinela que, apostado en el mangrullo
del mundo y de
‘Velen’, dice Jesús, ‘y estén prevenidos’. ¿Cómo nos
preparamos? Haciendo lo que nos enseña San Pablo: viviendo en paz unos con otros,
practicando la animación y corrección fraternas, alentando a los tímidos,
sosteniendo a los débiles, siendo pacientes con todos, procurando que nadie
devuelva mal por mal, esforzándonos por hacer siempre el bien a toda persona,
estando siempre alegres en el Señor, orando sin cesar, dando gracias a Dios en
toda ocasión. Esto es lo que Dios quiere de nosotros en Cristo Jesús (cf. 1 Tes
5,13-18).
Pero, ¿para qué nos preparamos? Para recibir con alegre y
confiado corazón a Jesús cuando llegue por segunda vez. Él es el dueño de la
casa de nuestras almas, de nuestras familias, de nuestra comunidad de nuestra
sociedad. Él vendrá con toda certeza a su casa. Y no sabemos si vendrá "al
anochecer, a la medianoche, al canto del gallo o a la madrugada”.
Para que cuando llegue de repente y no nos halle durmiendo,
hemos de perseverar alertas y vigilantes como el centinela apostado en su
atalaya, revestidos con la coraza de la fe y del amor, y cubiertos con el casco
de la esperanza de la salvación (cf. 1 Tes 5,8).
Queridos hermanos, Jesús nos habló hoy de su segunda venida
al fin de los tiempos y nos exhortó a velar y a prepararnos.
Que estas palabras de advertencia, que son también de
aliento y esperanza, inauguren el tiempo de Adviento y encaucen nuestra vida en
este sagrado tiempo signado por la penitencia, la expectativa y la gracia nunca
mezquinada a quien confía en el Señor.
¡¡¡Nuestra Madre del Valle!!! ¡¡¡Ruega por nosotros!!!