El hecho que
parece anecdótico y hasta banal, significa que estos chicos vienen con una
mentalidad modificada con respecto a la que tenían cuando se fueron.
Hoy se los
ve desprejuiciados, ahora poseedores de enormes motos o cuatriciclos en los que
se manejan como si fueran dueños de las calles, a cualquier hora, a toda hora,
haciendo ostentación de los respectivos escapes libres, sin que nadie les ponga
límites, simplemente recordándoles que la legislación vigente lo prohíbe, total, ellos están apenas quince
días y parten nuevamente parea regresar el año que viene.
En el
pensamiento de la gente común, está instalada la idea de que como son "hijos de”,
gozan de total impunidad para creer que esta ciudad es el sitio en donde todo
es posible, al menos para ellos y sus amigos que año a año hacen de la ciudad
una invasión de depredadores de usos, costumbres y de bienes públicos, sobre
todo, a la salida de los boliches o de sus fiestas particulares y cerradas, con
todo lo que ello significa.
Estaría
bueno que las autoridades locales y los agentes inspectores de seguridad
ciudadana tomen cartas en el asunto y controlen los desmanes de estos chicos
universitarios que aún no han aprendido a respetar el sitio en donde nacieron y
se criaron.