Lo cierto es que Renato Rasgido recién ahora se está
preocupando por el estado de la iglesia, cuando durante cuatro años, impidió la
entrada a toda la gente que podría haber ayudado a su reconstrucción, concretando
un vaivén político que nadie nunca entendió.
Apurado por la escasa feligresía que aún le queda a la
Iglesia Católica de Andalgalá, ahora, escucha ofertas.
Es cierto también que, cuando la gobernadora Corpacci visitó
Andalgalá, en septiembre pasado, ordenó a los funcionarios que la obra comience
"de inmediato, la semana que viene", a lo que nadie prestó atención
ni obedeció.
La gente, enterada de la nueva situación, cree más en la
propuesta de Gutiérrez que en la de Duso, a quien nadie conoce ni tiene la más mínima
relevancia social ni política.