La Santa Misa fue concelebrada por sacerdotes del clero
local y de la Arquidiócesis de Tucumán, y participaron seminaristas y una gran
cantidad de fieles de Capital y el interior de Catamarca, quienes se
congregaron para acompañar a los jóvenes que se ganaron el cariño de las
comunidades por el servicio que vienen prestando en las parroquias de los
departamentos Belén y Capayán.
En su homilía el Obispo recordó la oración que Cristo hizo
por ellos en la oración colecta, "Cristo mismo pide para ustedes tres cosas,
que cada uno de ustedes sea disponible en la entrega, que sean mansos en el
servicio y que sean perseverantes en la oración”, y dirigiéndose a los
feligreses presentes les pidió de corazón que "recen por estos hermanos
diáconos, con perseverancia como nos pide Jesús, para que sean mansos y
disponibles para el servicio. Este es el poder de la Iglesia, lo que necesita
para ser querible y creíble en el mundo. Este servicio se inspira en el orden
de lo que nos pide el Papa Francisco cuando dice: ‘Vayan a las periferias,
vayan a donde sufre la gente, donde sufren los enfermos, los pobres, los
marginados’. Este tiene que ser el estilo de vida ustedes”.
Con relación a las lecturas que se escucharon, el Pastor
Diocesano rescató que la Iglesia naciente ha discernido la necesidad de elegir
servidores para los más marginados y excluidos de la sociedad, que eran las
viudas, los huérfanos y los pobres, y agregó que "hoy tenemos viudas con
hombres vivos que no las acompañan en el cuidado de los hijos, y huérfanos de
padres vivos. La comunidad ha discernido elegir a hombres de probada virtud, que
vivan la fe y sean testigos del amor. Los vamos a dedicar al ministerio de
anunciar el Reino y la atención de necesidades puntuales de la Iglesia, eso
parte de las palabras que hemos escuchado”.
"Queridos Juan de Dios, Diego y Martín –dijo- llévense esto
al corazón, ustedes son diáconos en camino al presbiterado, pero sean diáconos
toda la vida, sean servidores como Cristo es servidor, sirvan a todos, no
excluyan a nadie de su corazón. Recen
por el Pueblo de Dios, por aquellos que
no rezan, por los que se confían a su oración y verán que Jesús, que es
servidor del Padre, les va colmar todas las expectativas que ustedes tienen.
Mírenlo a Jesús, síganlo a Jesús e imítenlo a Jesús”, manifestó Mons. Urbanc.
A continuación, en el rito de la ordenación diaconal, con el
signo de la Imposición de las manos, el Obispo les transmitió la fuerza del
Espíritu Santo para su vida y el ministerio en la Iglesia. Posteriormente, los
nuevos diáconos fueron revestidos con los ornamentos propios y signos visibles
de su consagración al servicio del Señor y de los hermanos.
Finalizada la celebración, los asistentes saludaron a los
flamantes diáconos y los agasajaron con una cena fraterna en las instalaciones
del Seminario Diocesano, donde agradecieron a Dios, a sus familiares y amigos,
al clero diocesano, a los religiosos, a sus compañeros seminaristas, a sus
parroquias de origen y a todos los feligreses de las comunidades donde les ha
tocado compartir la vida de servicio.