En el atardecer del viernes 11 de abril, luego del rezo del
Santo Vía Crucis alrededor de la plaza principal del pueblo, vecinos, personal
de asistencia médica y social, como también de las fuerzas de seguridad y
voluntarios, se congregaron en torno a la Eucaristía para dar gracias a Dios
por la protección durante las inundaciones registradas en la zona.
Al pronunciar su homilía, el Obispo resaltó la solidaridad
puesta de manifiesto en estos días, indicando que "la hermandad es nuestro
denominador común y nosotros tenemos que cultivar esta fraternidad. A mí me
alegra la solidaridad de muchos hermanos que han venido a ayudar. Eso es un muy
buen signo. Que esto nos motive a saber que lo más importante en la vida es
poder dar una mano al que nos necesita”.
"Ojalá que esta experiencia de dolor, traumática, que les ha
tocado vivir sirva para que aprendan a tener serenidad, paz y paciencia en
medio de las dificultades. Es un aprendizaje de solidaridad y de paciencia. Lo
que importa es que Dios con su paciencia, con su ternura, con su providencia
nos cuida”, apuntó el Pastor Diocesano.
Asimismo, consideró que "esto es como una terapia intensiva
en la que nos ha puesto el Señor para aprender lo que debería ser permanente en
nuestra vida, estar siempre abiertos a dar una mano. Esto nos saca de nuestro
encierro, de nuestra privacidad, de nuestro egoísmo, para ir hacia el otro”.
"Hemos tenido que pedir y recibir, y eso nos tiene que
ayudar a ser humildes. Esta experiencia, no les quepa la menor duda que nos
recuerda que todos somos peregrinos, estamos de paso por este mundo para llegar
un día al cielo”, enfatizó Mons. Urbanc.
En otro tramo de su predicación anheló que "esta Pascua sea
especial para la comunidad de Bañado de Ovanta”, que se pueda "refundar en el
amor, porque el amor nos permite vernos como hermanos. Que este pueblo pueda
aprender a comprenderse, y a ser una verdadera flor que ofrecemos a Dios”.
Manos solidarias
Una vez finalizada la celebración eucarística, los jóvenes
servidores distribuyeron las mesas para las personas que se alimentan en el
salón parroquial. Al respecto, el P. Chaves comentó que todos los días se
preparan unas 600 raciones al mediodía y 400 a la noche. Actualmente, sólo 100
comen en el salón parroquial, los otros platos se llevan a los barrios, con el
apoyo de los voluntarios y de personal del Ejército, para que la gente pueda
comer en sus casas.
"Con las donaciones que recibimos en la parroquia elaboramos
la comida que se sirve. El agua que recibimos se la lleva a las comunidades que
no tienen”, dijo el sacerdote, quien agradeció a las personas que llegaron de
otras comunidades "para compartir su tiempo, sus manos, su vida, ayudando a
limpiar las casas de todos y, como decía el Obispo, aprendamos todos de esta
experiencia, para que podamos reconstruir esta comunidad de Bañado de Ovanta
desde el amor, olvidándonos de los egoísmos y las rencillas, para crecer como
comunidad”.