La ceremonia fue presidida por el Obispo Auxiliar de
Santiago del Estero, Mons. Ariel Torrado Mosconi, quien tuvo este privilegio en
virtud de que el Obispo de Catamarca, Mons. Luis Urbanc, se encuentra en Roma
integrando un grupo de Obispos de América Latina invitados para participar de
la canonización de los Papas Juan Pablo II y Juan XXIII.
La Imagen cuatro veces centenaria fue trasladada en brazos
por el Obispo Auxiliar de la diócesis santiagueña, acompañado por sacerdotes
del clero catamarqueño, entre ellos el Vicario General de la Diócesis, Pbro.
Julio Quiroga del Pino, y el Rector del Santuario y Catedral Basílica, Pbro.
José Antonio Díaz, y escoltada por la Guardia de Honor de los Bomberos de la Policía
de la Provincia.
En su paso hacia el Presbiterio fue saludada por las
autoridades provinciales y municipales presentes, encabezadas por la Señora
Gobernadora, Dra. Lucía Corpacci, y el Señor Intendente de San Fernando del
Valle de Catamarca, Lic. Raúl Jalil, legisladores, miembros del ámbito judicial
y de las fuerzas de seguridad.
La aparición de la Madre Morena hizo estallar de júbilo a
los fieles que desbordaron el templo catedralicio para vivir el encuentro con
la Madre, agitando los pañuelos y la emoción expresada en los rostros y en los
labios.
Luego de que la Imagen fue colocada en el trono festivo,
comenzó el rezo del Santo Rosario, y una vez finalizado el mismo se escuchó la
lectura del Santo Evangelio y las palabras de Mons. Torrado Mosconi, quien
tomando el pasaje de los peregrinos de Emaús, manifestó que "la Iglesia debe
estar marcada por la alegría cristiana que experimentaron los apóstoles y los
discípulos al encontrarse con el Señor resucitado, esta alegría que viene del
corazón, de la experiencia del encuentro vivo con Dios”.
Y exhortó a todos a "llevar esa alegría a esta humanidad que
camina por la vida con el semblante triste. Hoy hay tantos hombres y mujeres
que están sin esperanza transitando los caminos de este mundo. Cuántos niños,
cuántos jóvenes que no tienen la posibilidad de mirar hacia delante con
esperanza. Tantos hermanos que están en situación de pobreza, que no tienen fe,
que no han escuchado hablar de Dios, que no conocen el amor tierno de la
Virgen, nuestra Madre, y por eso van tristes por el camino de la vida”.
Una Iglesia cercana y peregrina
Respecto a cómo debe ser la misión de la Iglesia para llevar
esperanza y transmitir la alegría de la resurrección, el prelado afirmó que
"necesitamos que la Iglesia sea cercana a los más pobres, a los que sufren, a
esas periferias, como nos plantea el Papa Francisco, a aquellos que se sienten
lejos, que se sienten al borde del camino. Cuánto necesitamos mostrar un rostro
de Iglesia cercana, que podamos superar los distanciamientos, y manifestar a un
Dios cercano”.
En otro tramo de su predicación, el Obispo Auxiliar de
Santiago del Estero habló de "una Iglesia peregrina que camina junto a los
hombres de su época”, afirmando que "la gran tentación es volvernos
sedentarios, instalarnos”. Por eso, "tenemos que peregrinar junto a nuestros
hermanos. Caminar, como nos dice el Papa, a veces delante para mostrar el
camino, otras veces en medio del pueblo para poder compartir con los demás
hombres y mujeres sus angustias, sus esperanzas, y otras veces detrás para no
dejar que nadie se quede rezagado en el camino”.
También pidió que seamos "una Iglesia que dialoga con el
mundo actual, con la cultura actual… una Iglesia comprometida, que comparte los
problemas de los hermanos”.
Por último rogó "que Nuestra Señora del Valle nos conceda la
gracia de ir al encuentro de Jesús resucitado, y que nos dé esta alegría para
que podamos ser verdaderamente testigos y misioneros en esta Iglesia en
Argentina, en esta Iglesia en Catamarca. También le pido por la Iglesia que
peregrina en Santiago, que quiere tanto a la Virgen Morena, que podamos
experimentar la alegría del encuentro con Jesús resucitado y que podamos ser
testigos de esta Iglesia cercana, peregrina, que tiene el gozo y la alegría de
comprometerse y compartir con el hermano”.
Concluida la homilía, se llevó a cabo la adoración del
Santísimo Sacramento y la bendición.