Mosquitos, polillas pirpintas, grillos, moscas, vinchuquitas
coloradas y juanitas, son los dueños de las calles y las casas, moviéndose,
picando y molestando con total impunidad sin que nadie haga nada para evitarlo,
en este proceso que algunos califican como un "desequilibrio
ecológico".
Las juanitas, son unos coleópteros que expelen un
nauseabundo ácido al ser tocados, con hábitos canibalescos y reproducción
bianual, aparecieron por millones este año y se espera que con la llegada de los
primeros fríos, se entierren por dos años, tal su ciclo vital.
De ese modo, así como aparecieron, desaparecerán, enterradas
en los jardines o escondidos en los recovecos de las paredes, para volver a reproducirse
por millones y millones.
El tema es ahora, que hasta el aire que se respira está contaminado por el ácido
de las juanitas, sin que desde la Municipalidad se haya encarado gestión alguna
para evitar o controlar su proliferación.
La comunidad cree que tal operativo es responsabilidad de
quienes gobiernan, no sólo para evitar malos olores y molestias varias, sino
más bien para preservar la salud de la población, habida cuenta de los variados
virus que estos insectos portan.
Pero como todo en Andalgalá, a nadie le importa nada de
nada, menos aún al intendente.