Los vecinos, temerosos, indignados e impotentes, echaron
culpas sobre la fuerza de seguridad oficial, cuyo objetivo es el de proteger a
la gente, consideran que los efectivos, además de ser escasos para tan grande
ciudad, están superados en su capacidad operativa, razón por la que ya no
pueden esperar nada de ellos y "vamos a pagar para que vigilantes privados nos
cuiden de los delincuentes, que todos sabemos quiénes son y dónde viven, y que a pesar de eso nadie hace nada
y encima se nos ríen en la cara”, dijo un vecino.
Efectivamente, la ola delictiva es de vieja data en esta
comunidad, los autores de diversos delitos son hartamente conocidos por la policía
y la justicia, pero en los últimos tiempos, se tiene la certeza de que ha
recrudecido y que los malvivientes se mueven con total impunidad, considerando
la escasa o nula acción de la policía que a su vez se siente superada por las
circunstancias y en su inefable rol de ser ”auxiliares de la justicia”,
mientras que desde los estrados aseguran "que se actúa exactamente como ordenan
los códigos por o que no se puede hablar de mora”, sino de anacronismo de la
legislación vigente, cuestión que es de exclusiva competencia de los
legisladores cuya reputación es la de vagos, indolentes y parásitos del estado.
Así se vive, se escucha, se evalúa. Así se escribe.