Ramón Adrián Barrionuevo nació en Catamarca y creció en el
marco de la vida militar y quiso ser marino como su padre, por lo que ingresó a
la Escuela de Suboficiales de la Armada Argentina el 17 de enero de 1990.
"El motivo de mi ingreso a la Armada fue por mi padre
que llegó a la jerarquía de suboficial principal y estuvo en el crucero ARA
‘General Belgrano’ durante el conflicto en Malvinas. La realidad es que conviví
todo el tiempo con la vida militar y eso generó un sentimiento de afinidad con
la Marina", destacó el suboficial Barrionuevo.
Catamarqueño de nacimiento, los distintos pases en la
carrera militar de su padre lo llevaron a vivir desde muy pequeño en Ushuaia,
Tierra del Fuego y en Azul (Buenos Aires), hasta que finalmente formó su
familia en Punta Alta.
Ciudad al sur de la provincia de Buenos Aires, está ubicada
cerca de la Base Naval Puerto Belgrano donde tiene su apostadero el destructor
ARA "La Argentina”, su actual destino naval. En Punta Alta vive con su esposa y
sus dos hijas Rocío de 13 años ¬--fruto de un matrimonio anterior del cual
enviudó-- y Milagros, de 5 años.
En la Escuela de Suboficiales de la Armada eligió la
especialidad Enfermería y, en ese entonces, fue destinado a la Escuela de
Enfermería que funcionaba en la Base Naval Puerto Belgrano; luego, durante diez
años su destino fue el Hospital Naval Puerto Belgrano.
Continuó estudiando Enfermería para convertirse en
licenciado en el 2012 y, desde ese año, es el encargado del Departamento
Sanidad en el destructor ARA "La Argentina". Su función a bordo es
ocuparse de la salud de los tripulantes.
Entre sus tareas diarias, el suboficial Barrionuevo lleva el
legajo médico del personal, las aptitudes para certificar los cursos que cada
tripulante realiza y planifica la vacunación. Además de supervisar la
potabilidad del agua para el consumo humano, hacer controles periódicos de los
víveres que se embarcan, entre otras cuestiones de salud.
En el último adiestramiento en el mar, del que participó el
destructor ARA "La Argentina" junto a otras embarcaciones de la Flota
de Mar, se realizaron maniobras de traspaso de peso liviano, pasaje al habla y
operaciones antisubmarinas.
A bordo del destructor también se cumplieron con los
ejercicios de rol de abandono, lucha contra incendio y control de averías donde
es fundamental la presencia del enfermero en las diversas maniobras marineras,
"debo estar atento a cualquier imprevisto”, rescató.
Con respecto a aquello que más le agrada de la vida militar,
el suboficial destacó el contacto con la gente y el vínculo cercano que se
entabla con el paciente; además de que, en el transcurso de su vida militar el
marino tiene la posibilidad de conocer diferentes lugares de Argentina y del
mundo, como en un momento él visitó Egipto e Israel. Su gran anhelo en la
carrera es conocer algún día la Antártida.
También tuvo la experiencia de trabajar en el extranjero en
Misiones de Paz. En Haití, como enfermero naval formó parte del hospital
reubicable de la Fuerza Aérea donde trabajó con profesionales de las tres
Fuerzas argentinas; y en Chipre fue integrante de una compañía de Infantería de
Marina argentina.
Los años transcurridos ligados a la carrera también
significan tiempo viviendo fuera de su Catamarca natal, aunque asegura que es
el lugar al que siempre vuelve para visitar familiares y amigos. "Necesito
ir allá, disfrutar de mi padre y estar con mis seres queridos", destacó.
Por www.gacetamarinera.com.ar