Jorge Luis Borges decía no entender nada de física más allá
del funcionamiento del barómetro. Sin embargo, el doctor Alberto Rojo asegura
que el escritor anticipó, sin saberlo y por más de 15 años, una de las teorías
de la física cuántica más importantes.
¿En qué consiste el
"hallazgo científico” que Borges realizó a través de la literatura?
Ocurre que, en el mundo cotidiano, es impensable imaginar
que los objetos puedan estar en varios lugares al mismo tiempo. En cambio, en
la física cuántica, no tiene sentido decir que las partículas estén en un sitio
y no en otro.
En el universo de la mecánica cuántica hay que pensar como
si las partículas pudieran moverse en cualquier dirección y pudieran estar en
varios lugares a la vez antes de que el detector las observe.
Por eso, en la física cuántica, cada vez que hay una
medición, el universo se replica en tantas copias como alternativas posibles.
Ésta es la única teoría coherente que se ha encontrado hasta ahora y fue
publicada por el físico Hugh Everett III, en 1957: la partícula elige todas las
alternativas a la vez.
El hecho es que, 15 años antes, en El jardín de los senderos
que se bifurcan, Borges había propuesto eso mismo: que el Universo es un
laberinto temporal en el que cada vez que uno toma un decisión crea diversos
porvenires que se ramifican.
Borges habla de un jardín de senderos y Everett, de un árbol
ramificado, por lo que las similitudes entre el cuento y el artículo científico
son sorprendentes. Al comparar lado a lado algunos de los párrafos del trabajo
de física y del cuento, se encuentra uno de los casos maravillosos en que la
literatura se puede leer como ciencia y la ciencia se puede leer como ficción.
Durante la vida, una
persona debe optar y dejar de lado algunos porvenires... Elegir entre ser
abogado o médico, por ejemplo, pero es como si usted hubiera tomado todas las
opciones posibles y hubiese abierto distintos universos: es científico y, al
mismo tiempo, es un músico reconocido.
(Risas) Nunca lo había pensado de ese modo. Lo que mencionás
sería como una especie de alegoría de mi vida y es una metáfora para
reflexionar sobre las limitaciones que, a veces, se suelen poner las personas
antes de abordar algunas aventuras de la vida.
Pero, en rigor, lo que ocurre en la física cuántica y en el
cuento de Borges es que se van generando varios individuos que no se conocen ni
hablan entre sí, que viven en distintos universos paralelos, en uno de los
cuales soy abogado, en otro soy médico y en otro universo soy el que soy ahora.
En su faceta como
músico, ya realizó tres discos y tocó junto a Mercedes Sosa y Charly García.
¿Qué metas tiene a futuro?
Estoy componiendo para el próximo disco con un trío que
tengo armado en Estados Unidos, donde estoy radicado. Grabaremos el CD allá y
lo sacaremos en Argentina. El desafío que tengo es aventurarme a avanzar un
poco más en la unión entre la ciencia y la música, al realizar composiciones
que combinen conceptos científicos, aunque sea alegóricamente. En el próximo
disco, intentaremos contar la historia de la física en 13 capítulos, en 13
temas.
El hacer alusión a los
conceptos científicos a través de la melodía y los ritmos no parece una tarea
sencilla...
Hay recursos sonoros que evocan cosas. A veces, los sonidos
agudos seguidos de otros sonidos agudos pueden hacer pensar en campanitas o en
estrellitas, más allá de que las estrellas no hacen ruido. Por eso es que hay
incluso un problema lingüístico.
Nosotros, para el próximo disco, debemos pensar cómo tocar
la idea de círculos concéntricos, por ejemplo, de círculos que giran dentro de
círculos; en cómo narrar musicalmente el desplazamiento del centro del
Universo, es decir, de que se abandonara la idea de que el Sol y los astros
giran alrededor de la Tierra, para que luego los humanos comprendiéramos que el
Universo no tiene centro.
Así como la
composición de un tema tiene una estética, en Borges y la física cuántica usted
explica que las ecuaciones también tienen cierta simetría...
Es cierto, al presentar una ecuación en ciencia, ésta debe
tener cierta estética o cierta simetría. Es una de las observaciones que hago
en el libro y también durante mis clases. De hecho, hay muchos avances
científicos y de la física teórica que se lograron por la búsqueda de cierta
elegancia, simetría, simplicidad. Todos estos conceptos son subjetivos; no es
que uno trate de explicar un experimento, sino una forma más sencilla de
formular las cosas. Y en esa búsqueda de simplicidad se llega a la verdad.
Entonces, aquello que la mente percibe como bello, armonioso, encuentra su
materialización en el mundo real.
Puesto que se aventuró
tanto al mundo de la ciencia como al del arte, ¿cómo hace para repartir su
tiempo entre ambas vocaciones?
Trato de dedicarle varias horas del día a la física y
también varias horas a la música. Pero hay mucho trabajo que se hace de manera
inconsciente, incluso cuando uno está haciendo otras cosas.
Cuando estoy escribiendo un libro, paso más tiempo orientado
a la física, aunque, en general, trato de dividir mi tiempo en iguales
cantidades.
Justamente, ahora está
preparando un nuevo libro...
Sí, es un libro a pedido de la Universidad de Cambridge y lo
tengo que terminar en el transcurso de este año. Se llama La historia y la
física del principio de mínima acción, que trata sobre el principio de que todas
las leyes de las física se pueden explicar como una minimización de algo. En
otras palabras, sería como que a las leyes de la física le gustan los extremos
y, en este libro, observamos cómo se ha desarrollado este principio en la
física desde el año 1700 hasta hoy.
En este momento, ¿en
qué área de la física cuántica está investigando?
Ahora, estoy tratando de resolver algunos problemas de
física matemática, relacionados a los sistemas no holonómicos, que son sistemas
mecánicos que tienen ciertas limitaciones en su manera de moverse y todavía no
se sabe cómo tratarlos desde la física cuántica.
Es un problema técnico, pero muy interesante, y lo estoy
trabajando con un matemático de la Universidad de Michigan, con quien ya hemos
publicado varias cosas.
Usted también le
dedica tiempo a la divulgación científica. En su parecer, en los últimos años,
¿hay una mayor tendencia a la divulgación en Argentina?
Sí, sin dudas. Siempre ha habido divulgación y, de hecho, yo
me interesé por la física por los textos de divulgación que leí de chico. Pero,
ahora, hay una divulgación al estilo argentino, con una impronta propia que sin
dudas es legado de Diego Golombek y Adrián Paenza.
Lo que se propuso Golombek es trasladar la tradición
anglosajosa del libro de divulgación que incorpora narraciones, algo de lo que
no había mucho en el habla hispana o, al menos, en Argentina. Y nos dio a
muchos científicos una plataforma de expresión.
También está el hecho de que, en Argentina, se ha
prestigiado la divulgación. Es bueno que así sea, porque incluso se puede hacer
ciencia estricta con una buena divulgación.
Alberto Rojo, nacido en Tucumán, se doctoró en Física en el
Instituto Balseiro. Fue investigador en la Universidad de Chicago y,
actualmente, es profesor en la Universidad de Oakland. Ha publicado numerosos
trabajos de investigación en revistas científicas. Como divulgador científico,
ha publicado La física en la vida cotidiana, El azar en la vida cotidiana y
Borges y la física cuántica (Siglo XXI Editores); además, es conductor de la
serie Artistas de la ciencia, emitida por el canal Encuentro. Como músico,
realizó tres discos: De visita, Para mi sombra y Tangentes.
Fuente: Agencia CTyS