La Higuera, un pueblo que no olvida las tradiciones

En nuestra visita a La Higuera, departamento Paclín, nos llamó la atención, de manera sorprendente, la relación existente entre vecinos de San Antonio, La Merced, El Rosario, Las Lajas, Balcozna Dentro y Fuera, quienes llegaron a festejar los 8 años de vida de La Higuera K-Pital, nombre homónimo a su pueblo.
viernes, 12 de septiembre de 2014 08:49
viernes, 12 de septiembre de 2014 08:49

La localidad de La Higuera está ubicada a 60 kilómetros de la Capital catamarqueña, pueblo rodeado por verdes montañas, con campos trabajados por el esfuerzo de la mano del hombre, donde el 70 pobladores de los pobladores, afincado, se dedica a la tarea agrícola ganadera.

Estamos acostumbrados a vivir al ritmo de la ciudad, donde muchas tradiciones ya se han perdido. Las familias comparten almuerzos o cenas de acuerdo a sus tiempos, entre otras cosas que muchas veces nos hacen perder la familiaridad.

La Higuera es un lugar donde una costumbre sigue vigente, y no se ha perdido la tradición de disfrutar todo con amigos y familia.

En diálogo con Don Oscar Bravo, quien con 71 años acompaña a sus hijos en un proyecto, el cual inició con la idea fija de darle vida a este pueblo, contó que dieron riendas sueltas a una serie de bailes para los pocos vecinos que optaron por pernotar en el lugar y seguir siendo parte de este pueblo llamado La Higuera, donde  naturalmente y paisajístamente es bella.

En sus relatos, con José y Adrián Bravo (h), manifestaron una gran satisfacción en transformarse en pioneros para que este pueblo se conozca, gracias al esfuerzo y la credibilidad que supieron depositar en vecinos y amigos, quienes confiaron en ellos.

"Hemos apostado a La Higuera porque es el lugar, donde nacimos, nos educamos y crecimos, y en retribución a todo esto, dejar bien en alto el nombre de La Higuera, esperando algún día, sea promocionado turísticamente”, expresó. 

En ese gran festejo, se pudo observar a una juventud sana que lo único que buscaba era divertirse, pero siempre en el parámetro de lo normal, donde pareciera que el tiempo no pasó, donde todos se conocían y con un abrazo y beso, sellaban una amistad inquebrantable.

Y lo más sorprendente fue que cuando cada chico que ingresaba al baile según la localidad, dejaba su campera o pulover a la vista de todos, sin que nadie levante lo que no le pertenecía, una acción para imitar.