Este lugar, ahora se ha convertido en refugio de faloperos,
marginales y malvivientes que hicieron del sitio, su habitual habitáculo para
la realización de sus aberrantes cosas.
Testigos presenciales vieron que quienes ingresan por las
ventanas exteriores, son menores de edad de ambos sexos que en altas horas de
la madrugada, se reúnen en el vereda y en determinado momento abren las
ventanas y en patota, ingresan al lugar con sus mochilas cargadas con alcohol,
y en pocos minutos puede percibirse ya el característico olor de la
marihuana, gritos y risotadas, hasta muy
entrada la mañana.
El edificio de mención pertenece a la escuela normal y la
administración la tiene la cooperadora.
Hace poco se eligió una Comisión encabezada por el concejal
José Luis Olaz, adláter del intendente Alejandro Páez, y con supuesto poder de
persuasión para conseguir el mínimo financiamiento para su refacción y puesta
en valor, como sede de instituciones.
Parece que las esperanzas cifradas en el edil, quedarán en
la nada porque hasta el momento nada se hizo, y al parecer nada se hará,
simplemente porque a nadie le interesa nada de la historia del lugar, ni de la
utilidad que se le puede dar.
Dispersas por los espacios, se encuentran las evidencias de
lo que ahí ocurre, es decir, pipitas para fumar, botellas y cajas de vino
vacías, preservativos usados, y varios elementos más.