Una importante cantidad de público, amigos y amantes del
arte, acompañaron la apertura de esta muestra donde el paisaje y la naturaleza
son los protagonistas, y aparecen una y otra vez mutando en colores, en
texturas y en climas que evocan momentos felices.
"Felicidad simple del hacer, del trabajo diario de pintar”,
dice un fragmento del texto que, desde una pared, recibe al visitante. Y ahí
nomás, un taller de arte montado en el hall de ingreso al museo invita a ver y
sentir la intimidad del lugar donde el artista trabaja.
Bocetos, un atril con obras a medio terminar, pinceles y
pinturas que desbordan de sus recipientes, fotos y notas inspiradoras se
develan como el detrás de escena o, más bien, como el verdadero mundo del
artista.
Una manera, dicen los pintores, de acortar distancias con el
espectador y de invitarlo a conocer la cocina de las obras.
Naturaleza que se difumina en colores, cálidos a veces,
otras veces estridentes; texturas que se superponen como tramas de sentidos que
pugnan por salir a la superficie; paisajes idílicos que invitan a sumergirse en
ellos. O simplemente a mirarlos y disfrutar.
La muestra cuenta con una sala con pinturas de cada artista
y una conjunta, donde las obras parecen hermanarse y los artistas, haberse
influenciado mutuamente en sus búsquedas. Es que, desde hace tres años, Flora
Gómez, Cristina Pernasetti y Juan Domínguez trabajan juntos en un taller y como
tal, comparten el proceso creativo.
Esta producción conjunta es la que se convirtió en la base
de "Hilos de un paisaje”, muestra que cuenta con la curaduría de Celina Galera
y que, hasta el 28 de marzo se puede visitar, con entrada libre y gratuita en
el Museo de Bellas Artes, en San Martín 316.