La tradicional ceremonia fue presidida por el Obispo
Diocesano, Mons. Luis Urbanc, quien descendió en sus brazos la Imagen centenaria,
acompañado por el Rector del Santuario Mariano, Pbro. José Antonio Díaz, y
sacerdotes del clero diocesano.
Participaron las principales autoridades provinciales y
municipales, encabezadas por la Señora Gobernadora, Dra. Lucía Corpacci, y el intendente
de San Fernando del Valle de Catamarca, Lic. Raúl Jalil, y miembros de sus
respectivos gabinetes, quienes presentaron sus saludos a la Patrona de
Catamarca en sus pasos para encontrarse con su pueblo.
Ante la aparición de la Sagrada Imagen, la gran cantidad de
fieles y devotos expresaron su emoción de tener cerca suyo a la Madre de Jesús,
en su bendita advocación del Valle. Pañuelos agitados, vivas, lágrimas en los
rostros y aplausos dieron la bienvenida a la Virgen Morena, que fue colocada en
el trono festivo.
Inmediatamente se rezó el Santo Rosario y las Letanías, y
posteriormente se escuchó la palabra de Dios.
Seguidamente, el Señor Obispo dio la bienvenida a "todos, en
especial, los fieles laicos y consagrados, a quienes estamos dedicando en este
año una particular mirada y atención con la oración, la reflexión y la tarea
pastoral, a fin de que respondan con más generosidad y fidelidad a su vocación
y sagrada misión. Ustedes, los laicos, ampliamente siempre los más numerosos,
mientras son sal, luz y fermento en medio de las realidades temporales, las van
impregnando de los valores que brotan de la fe recibida en el bautismo. Ustedes
los consagrados, lamentablemente, cada vez menos, mientras se renueven en la
belleza del propio carisma, serán esas antorchas que brillan en la noche del
peregrinar de la humanidad, ayudándola a descubrir la presencia salvadora y
misericordiosa de Dios, que quiere que todos los hombres lo conozcan, amen y
sirvan en este mundo, para luego hacerlos gozar de su Amor en la eternidad”.
TEXTO COMPLETO DE LA HOMILIA
Queridos devotos y peregrinos:
A 124 años de la coronación pontificia de esta sagrada
imagen de la Inmaculada Concepción, en su tierna advocación del Valle, damos
solemne inicio a este septenario con la tan esperada ceremonia de lo que
llamamos, desde tiempo inmemorial, la ‘Bajada de la Virgen’ a este presbiterio
de su Santuario y Catedral Basílica.
Sean bienvenidos todos, en especial, los fieles laicos y
consagrados, a quienes estamos dedicando en este año una particular mirada y
atención con la oración, la reflexión y la tarea pastoral, a fin de que
respondan con más generosidad y fidelidad a su vocación y sagrada misión.
Ustedes, los laicos, ampliamente siempre los más numerosos, mientras son sal,
luz y fermento en medio de las realidades temporales, las van impregnando de
los valores que brotan de la fe recibida en el bautismo. Ustedes los
consagrados, lamentablemente, cada vez menos, mientras se renueven en la
belleza del propio carisma, serán esas antorchas que brillan en la noche del
peregrinar de la humanidad, ayudándola a descubrir la presencia salvadora y
misericordiosa de Dios, que quiere que todos los hombres lo conozcan, amen y
sirvan en este mundo, para luego hacerlos gozar de su Amor en la eternidad.
El texto del Evangelio que acabamos de escuchar nos propone
el cultivo de una serie de actitudes muy importantes y necesarias para vivir
auténticamente nuestra fe.
a) El
discernimiento: ante el saludo del Ángel «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está
contigo» (Lc 1,28), la Virgen experimenta desconcierto y se
pregunta por el significado y alcance de tamaño saludo. Palabras parecidas
fueron dichas a Moisés (Ex 3,12), a Jeremías (Jr 1,8), a Gedeón (Jueces 6,12) y
a otras personas con una misión importante en el plan de Dios. María se queda
extrañada ante este saludo, y tratar de saber el significado de aquellas
palabras. Es realista. Quiere entender. No acepta cualquier inspiración. Abre
su corazón, por medio de la oración, para descubrir y hacer la voluntad de Dios
en su vida, ante el temor que produce lo inesperado y lo nuevo, sea de la
índole que sea: un embarazo no deseado, una enfermedad, un fracaso, una muerte,
una pérdida de trabajo, una traición, una violación, una calumnia, el abandono
del cónyuge, una adicción, una sentencia desfavorable, etc… Lo que resulta de
este volverse confiadamente a Dios es «No temas, María, porque Dios te ha
favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús»
(Lc 1,30-31). Ella recibe el don de la paz interior ante la misión que Dios le
quiere confiar y lo acoge con humildad, teniendo la certeza de que cuanto
provenga del Señor de la Vida y de la Historia, por más engorroso que parezca,
tendrá buen fin, a pesar de los sinsabores que vendrán mientras no se cumplan
del todo.
b) La
providencia: la Virgen, aún adolescente en edad, pero madura en espíritu por el
cultivo asiduo de la fe, en compañía de sus padres y de la
comunidad creyente, razona que lo propuesto por el ángel no es posible aún,
pues no convive con su esposo José, y por eso pregunta, «¿Cómo puede ser eso,
si yo no tengo relaciones con ningún hombre?», no para zafar de la responsabilidad y de su disponibilidad al plan de
Dios, sino para adherir mejor a su santa Voluntad... Y recibe la respuesta, «El
Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su
sombra», como en otro tiempo Isaac recibió la respuesta de su creyente padre
Abraham: ‘Dios proveerá el cordero para el sacrificio’ (Gn 22,8). Y le da un
signo: "También tu anciana y otrora estéril parienta Isabel concibió un hijo…
porque nada hay imposible para Dios” (Lc 1,36-37). A la respuesta del ángel, la
Virgen, sencilla y confiadamente, exclamará: «Yo soy la servidora del Señor,
que se cumpla en mí lo que has dicho» (Lc 1,38).
c) El espíritu de
servicio: quien vive en la presencia de
Dios; quien ha hecho de Dios el
Amor de sus amores; para quien siempre Dios está primero, le es más fácil descubrir que el
único modo más saludable, liberador y humanizador para vivir es el del
servicio. Como dijo Jesús: «no vine para ser servido, sino para servir, y para
dar mi vida en rescate de muchos» (Mc 10,45; Mt 20,28). Al igual la Virgen
María, cuando se entera que su prima Isabel espera un niño, va presurosa a
ayudar: "María partió sin demora a un pueblo de la montaña de Judá” (Lc 1,39).
Allí se producirá uno de los diálogos más hermosos entre dos mujeres. Es el
milagro que produce el espíritu de servicio entre la gente. Isabel queda llena
del Espíritu Santo y proclamará lo que jamás se podrá decir de nadie: «¡Bendita
eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy
yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?... Feliz de ti por haber
creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor» (Lc
1,42-43.45).
De esto aprendemos a que no debemos poner excusas para no
ayudar, puesto que las necesidades de los demás son más importantes que las
nuestras. Vean que la Virgen no piensa tanto en su embarazo, cómo arreglar su
casa, cómo dejar tranquilo a José, sino que se ocupa de ir a ayudar a su
anciana prima que ya está con seis meses de gestación. ¡Cuánta fe y amor
debemos tener para ponerlo en práctica siempre, sin quejarnos! Tengamos en
cuenta que, entre otros motivos, los seres humanos somos diferentes para que
nos podamos ayudar unos a otros, para que nos complementemos.
Pues bien, queridos hermanos, de corazón los invito a que
participen en este septenario para rezar y ahondar la vocación y misión que
tienen como fieles laicos o como consagrados y consagradas, de manera que, con
la maternal intercesión de la Bienaventurada Madre Dios, la Virgen María,
dignísima esposa de san José y augusta morada del Espíritu Santo, reciban
aquellas gracias que necesitan para obrar en coherencia con lo que son tanto en
el mundo como en la Iglesia. De la renovación de ustedes dependen los cambios
que soñamos en los hogares, los matrimonios, la familia, el aprecio y defensa
de la vida, la sociedad, la política, la economía, el trabajo, la salud, la
educación, la justicia, los gobiernos, las leyes, la Iglesia, las vocaciones,
las relaciones entre las naciones, las empresas, los sindicatos, la convivencia
humana, la investigación, la ciencia, la técnica, la cultura, la ecología, la
paz en el mundo, etc.
Consideremos que ya no es hora de estériles y evasivos
lamentos, sino de mirar con renovada confianza a Cristo, muerto y resucitado,
aprender de la Virgen María y de lanzarnos a la apasionante tarea de ser
santos, para la que todos fuimos convocados desde el bautismo. Sólo así veremos
cielos nuevos y tierra nueva donde Dios será Padre y los hombres hermanos.
¡¡¡Nuestra Madre bendita del Valle!!! ¡¡¡Ruega por nosotros!!!
PROGRAMA PARA EL DOMINGO 12 DE ABRIL
124° aniversario de la Coronación Pontificia
La tentación de la incredulidad.
"Felices los que creen sin haber visto”
5:30 Santo Rosario
y Ángelus.
6:00 MISA. Por la
Arquidiócesis de Tucumán
7:00 Laudes
7:30 MISA. Personal
de la Santería
- Concentración
de los Jinetes en plaza 25 de Agosto.
8:30 MISA.UNER.
Movimiento Shöenstatt.
9:00 MISA. Homenaje
de las Agrupaciones Gauchas.
10:00 MISA. Cursillo
de Cristiandad, Apostolado de la Oración. Legión de María.
11:00 MISA. Homenaje
de la Vida Consagrada: Comunidad Franciscana y Orden Franciscana Seglar.
Monasterio Inmaculada Concepción Monjas Dominicas, Hermandad Dominicana. FASTA.
Carmelitas Misioneras Teresianas, Fraternidad Eclesial Franciscana, Hnas.
Misioneras Catequistas de Cristo Rey, Hnas. Nazarenas, Hnas. Franciscanas Misioneras de la Natividad, Padres Lourdistas,
Padres Claretianos
12:00 Angelus.
Letanías.
18:30 Santo Rosario.
19:00 MISA. Pastoral
Misionera. Niñez y Adolescencia misionera.
La misa de este horario será transmitida por Radio María
20:00 REZO DEL
SEPTENARIO. Parroquia de Jesús Niño y Parroquia San Roque.
21:00 MISA. Pueblos
Originarios y Colectividades del medio (asociaciones, consulados).