En la misa central del Septenario, honraron a la Virgen
miembros del Transporte y las Comunicaciones: Dirección Provincial de
Transporte terrestre y aéreo, Aerolíneas Argentinas, empresas de transporte:
camioneros, colectiveros, taxistas, remiseros, Dirección de Tránsito Municipal,
Correo Argentino, empresas privadas de correo, telefonía Personal, Telecom,
Claro y Movistar, asociaciones automovilísticas y Club Autos de Epoca.
En su homilía, Mons. Urbanc reflexionó sobre el tema de la
tercera jornada que giró en torno al rol de los laicos en la Iglesia que es
misterio de comunión, inspirado en el pasaje de los Hechos de los Apóstoles,
"en el que se describe que los primeros cristianos ‘tenían un solo corazón y
una sola alma. Nadie consideraba como propios sus bienes, sino que todo era
común entre ellos... Hasta vendían sus bienes y lo ganado lo ponían a
disposición de los apóstoles, para ayudar a los pobres’”, expresó, agregando
que "lo que permitía este tipo de decisiones era el hecho de la resurrección de
Jesucristo, del que daban testimonio con gran libertad interior y alegría. Esto
es lo que causaba estupor y admiración entre los paganos”.
En otro tramo de su predicación manifestó que "en este Septenario necesitamos volver a
encontrarnos con Jesús, escucharlo con atención y poner en práctica lo que Él
nos dice”. Para ello, dijo que "tenemos el ejemplo de la Virgen María, la
verdadera discípula que escuchaba y seguía al Maestro, la que aceptó con
prontitud y generosidad ayudarnos a ir hacia este Divino Maestro para que de Él
recibamos Vida en abundancia, para que aprendamos de su Sabiduría a discernir
lo que procede del Buen o Mal Espíritu, para que sepamos ser agradecidos con el
Amor que Dios nos da y para que nos dispongamos a ser alegres testigos de su
Resurrección”.
Durante la Liturgia de la Eucaristía, representantes de
todas las instituciones y grupos alumbrantes acercaron los dones materiales al
altar, junto a las ofrendas de pan y vino.
Luego de la bendición final, el Obispo invitó a los
presentes a participar de la bendición de los autos de época, que
tradicionalmente engalanan el Paseo de la Fe para rendir homenaje a la Patrona
de Catamarca.
TEXTO COMPLETO DE LA HOMILIA
Queridos devotos y peregrinos:
En esta Misa honran a la Virgen del Valle hermanos del Transporte y las
Comunicaciones: Dirección provincial del transporte terrestre y aéreo.
Aerolíneas Argentinas. Empresas de transporte: camioneros, colectiveros,
taxistas, remiseros. Dirección de tránsito municipal. Correo argentino.
Empresas privadas de correo. Telefonía personal, Telecom, Claro y Movistar.
Asociaciones automovilísticas. Club autos de época. Sean todos bienvenidos a
esta celebración. La Virgen los ampare y guíe siempre.
El tema de
reflexión de esta jornada giró en torno al rol de los laicos en una Iglesia que
es misterio de comunión, inspirado en el pasaje de los Hechos de los Apóstoles,
en el que se describe que los primeros cristianos ‘tenían un solo corazón y una
sola alma. Nadie consideraba como propios sus bienes, sino que todo era común
entre ellos... Hasta vendían sus bienes y lo ganado lo ponían a disposición de
los apóstoles, para ayudar a los pobres’ (Hch 4,32. 34)
Lo que
permitía este tipo de decisiones era el hecho de la resurrección de Jesucristo,
del que daban testimonio con gran libertad interior y alegría. Esto es lo que
causaba estupor y admiración entre los paganos. Pensemos que el mundo hodierno
también se asombraría si viera estos signos en nosotros los creyentes. El amor
fraterno auténtico ciertamente que es atractivo y conduce a la conversión y
búsqueda de la causa que lo origina.
Jesús, en
el diálogo con Nicodemo, sigue insistiendo en la necesidad de renacer de lo
alto para tener un nuevo corazón y una nueva mirada sobre la vida de los
hombres y de la creación toda.
La frase
de Jesús: "Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo
creerán cuando les hable de las cosas del cielo?” merece que la desmenucemos.
Hoy es muy frecuente que las cosas más obvias se las discute y cuestiona. Por
ejemplo: se acepta sin más y como natural el aborto, el matar a quien piensa
distinto, el odiar y vengarse del que nos ofendió, el hacer justicia por mano
propia, las relaciones sexuales antes y fuera del matrimonio, el uso de
anticonceptivos, abortivos o preservativos, el divorcio, el robo, la mentira,
el ocio, los vicios, la pornografía, el erotismo, la provocación, la
procacidad, la transgresión, la calumnia, el cambio de identidad sexual, etc.,
con tal que a uno le guste. Se confunde el gusto con lo bueno; el sentir con la
verdad. Los que no necesariamente, ni mucho menos, son correlativos; pero que,
por desgracia, el relativismo imperante los equiparó; más aún, endiosó al
sentimiento y al gusto, dándoles entidad de absolutez, incuestionabilidad y
moralidad.
Evidentemente que nos volvimos materialistas y pseudo-espirituales ya
que vivimos pendientes de las cosas que se ven, se tocan y dan un goce
inmediato; nos parece insoportable posponer la fruición para un futuro remoto.
Se confunde diversión con felicidad, y se la busca a cualquier precio. A pesar
de tanto ver y tocar, paradójicamente coexiste la necesidad de huir de la
realidad, a la que se ve como insoportable y desoladora.
No
obstante, ahí siempre esta Jesús, presente en nosotros y en los
acontecimientos, pero no se le quiere escuchar, ni consultar; por el contrario,
se lo cuestiona, ningunea, desconoce o relativizan sus enseñanzas.
¡Cuánta
pena da un mundo, y es el nuestro, que desprecia la sabiduría y valora la
superficialidad, la banalidad, la torpeza y la grosería! Y, con todo, pretende
que sembrando estas malas semillas reine la paz, la equidad, la inclusión, el
respeto, la justicia, la verdad, el amor, la prosperidad, etc.
Nos
conviene volver a escuchar a Jesús que nos dice: "De la misma manera que Moisés
levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo
del hombre sea levantado en alto, para que todos los que crean en Él tengan
vida eterna” (Jn 3,15).
En este
septenario necesitamos volver a encontrarnos con Jesús, escucharlo con atención
y poner en práctica lo que Él nos dice. Para ello tenemos el ejemplo de la
Virgen María, la verdadera discípula que escuchaba y seguía al Maestro, la que
aceptó con prontitud y generosidad ayudarnos a ir hacia este Divino Maestro
para que de Él recibamos Vida en abundancia, para que aprendamos de su
Sabiduría a discernir lo que procede del Buen o Mal Espíritu, para que sepamos
ser agradecidos con el Amor que Dios nos da y para que nos dispongamos a ser
alegres testigos de su Resurrección.
Junto con
nuestra Madre del Valle repitamos la oración del salmista: "Tus testimonios,
Señor, son dignos de fe, la santidad embellece tu Casa a lo largo de los
tiempos y reinas revestido de majestad y poder” (Sal 92,5).
¡¡Nuestra Señora del Valle!! ¡¡Ruega por nosotros!!