De hecho, la ubicación geográfica de esta ciudad, al pie de
imponentes montañas, la hace vulnerable ante cualquier desequilibrio de las
condiciones climáticas, en un terreno que ya tiene sus antecedentes de aludes y
grandes crecientes de los ríos aledaños y sobre los cuales existen muchos testimonios
fotográficos y documentales.
Estas son razones por demás valederas para la conformación
de ese comité de emergencias, en el que necesariamente debe confluir la
presencia y el accionar de las principales autoridades, como el intendente, la
policía, el hospital, los bomberos, y un importante número de voluntarios
solidarios y debidamente capacitados en las diversas disciplinas que en esos
casos se requiere.
Hasta donde se sabe, la única y benemérita institución que
trabaja en estos casos es el cuerpo de bomberos de Andalgalá, nunca bien
ponderada ni valorada en su justa medida, sin que nadie más se acerque al menos
a brindar apoyo logístico.
Esta cuestión tiene que ver con la absoluta carencia del
sentido comunitario, que lleva a sus habitantes a pensar en la situación
individual, olvidándose del bien común. Se trata de uno de las peores cosas que
les puede ocurrir a los pueblos.
Pasa en Andalgalá, que sigue indefensa ante los embates de
la naturaleza.